jueves, 29 de octubre de 2015

EL CIELO.


En la antigua China la gente no entendía por qué todos los ríos corrían hacia el este y todos los astros se ponían en el oeste. Explicaban el hecho con el supuesto de que la Tierra está inclinada hacia el este, mientras que el Cielo lo está hacia la dirección contraria, como consecuencia de una guerra entre gigantes mitológicos.
El bisnieto del Emperador Amarillo era un déspota caprichoso. Durante su reinado cortó las vías de comunicación entre la humanidad y la Providencia divina. Además, lo más absurdo era que fijó el Sol, la Luna y todos los demás astros en el norte. De este modo, algunas regiones de la Tierra estaban eternamente iluminadas, mientras que otras no veían nunca la luz.
El Dios del Agua se rebeló contra la arbitrariedad diabólica del descendiente del Emperador Amarillo en una guerra sin cuartel contra el despótico caudillo. Lucharon en la tierra, en las aguas y en el cielo, poniendo en juego todos sus poderes sobrenaturales, sin que se definiera quién era el vencedor.
Un día, los dos colosales beligerantes llegaron, en una encarnizada batalla, al pie de una altísima montaña, llamada “Bu Zhou”, que era el pilar que sostenía la parte oeste del Cielo. El Dios del Agua estaba furioso viendo que no podía derrotar al despótico caudillo, y en un acto de desesperación se lanzó frenéticamente contra el pilar celestial. El choque fue tan violento que logró quebrar la columna celestial provocando un estrepitoso ruido de demolición. El Cielo, al perder el sostén, perdió el equilibrio y se inclinó hacia el oeste, haciendo que todos los astros colgados en el norte se resbalaran hacia esa dirección.
A partir de ese día, el Sol, la Luna y las estrellas salen por el este y se ponen en el oeste. De este modo, la noche y el día se suceden religiosamente. Como consecuencia de la rotura de columna que separaba el Cielo de la Tierra, ésta se levantó ligeramente por el oeste, haciendo que todos los ríos corrieran hacia el este y desembocaran en el mar. Con la desaparición de la montaña “Bu Zhou”, surgió una enorme llanura en el norte de China.


Leyenda China.

martes, 27 de octubre de 2015

EL TÉ DEL SABIO.


En la antigua China, un campesino se encontraba en serios problemas económicos, tenía una numerosa familia y debido a sus problemas, su salud empezó a empeorar.
Cierto día mientras caminaba preocupado por el camino hacia el pueblo, el campesino encontró a un hombre con el cual empezó a hablar mientras se dirigían al pueblo.
Este le indicó al campesino a un sabio que vivía lejos del pueblo, pero que quizás podía ayudarlo con sus problemas de salud, económicos y familiares.
El campesino, al otro día se dirigió a la morada del sabio, cuando llegó la puerta estaba abierta, el sabio desde adentro le permitió pasar.
El campesino muy preocupado entró tímidamente, fue entonces que vio al sabio sentado tranquilamente bebiendo una taza de té. Este lo invitó a sentarse y compartir el té.
El campesino nervioso le dijo que no tenía tiempo, que tenía muchos problemas y no podía esperar, entonces rápidamente le contó sobre su salud, miserias, preocupaciones, conflictos, etc.
El sabio bebía el té pero prestaba atención al hombre, dejándolo hablar.
Cuando finalizó con todos los problemas, el sabio volvió a invitarlo a beber té. Entonces el campesino enojado le replicó: “No has escuchado todos mis problemas, no hay tiempo para el té”
El sabio le contestó: “Tómate tiempo para pensar, eso no va a agravar tus problemas, es la única forma de que llegues a la solución.”

"Cuando dedicas tanto tiempo a los problemas no puedes ver las soluciones, tal vez sea hora de que te tomes una taza de té."

Leyenda de China.

sábado, 24 de octubre de 2015

LA PINTURA.


El emperador de la Dinastía Song decretó un concurso nacional a fin de seleccionar a los mejores pintores para la Academia Imperial de Bellas Artes. El mismo monarca escribió un verso para que los concursantes crearan su obra bajo ese título. El verso decía: «Un templo antiguo en la profundidad de las montañas.»

Miles de pintores participaron en el concurso, desarrollando su imaginación para interpretar el verso del emperador. Algunos de ellos dibujaron un templo antiguo en la falda de la montaña. Otros dibujaron un bosque del que se destacaba parte del tejado de una construcción antigua. Había quienes pintaron los muros rojos de los templos sobre un fondo de montañas, etc. Aunque el estilo pictórico marcaba dos tendencias fundamentales: la detallista y la esencial, en las obras presentadas al concurso se apreciaban dos denominadores comunes: el templo y las montañas.

Después de las primeras selecciones, quedaban cien pinturas para el final del concurso nacional. El mismo emperador formó parte del jurado. Los organizadores enseñaban uno a uno los cuadros al tribunal, a fin de obtener sus calificaciones. Al emperador no le llamaron la atención ninguna de las obras que le enseñaron, porque no le gustaba la expresión pictórica demasiado directa y realista. Dijo:
—La reproducción gráfica de un templo entre las montañas aminora el sentido poético del título y empobrece la imaginación y la espiritualidad del verso.
Cuando iba a retirarse desanimado, los cortesanos abrieron una pintura muy original: Allí no se veía ningún templo ni nada por el estilo. Sólo había un viejo monje que cargaba dos cubos de agua con un palanquín caminando por entre un bosque silencioso.

El emperador se quedó mirando este cuadro con sorpresa y gran satisfacción. Al cabo de un buen rato, exclamó:
—¡Magnifico! Éste es el que más me gusta. No se ve ningún templo, pero te parece que está cerca. Lo antiguo del monasterio está en la edad del monje. Ni hay montañas, pero el bosque lo evoca. Aparentemente falta una relación entre la pintura y el verso, pero el lenguaje alegórico del pintor invita a desarrollar nuestra imaginación, pensando en ese templo antiguo y las montañas que no se ven en el cuadro. Si el verso da una imagen del templo entre las montañas, la pintura sugiere un ambiente poético nada común.
Los demás miembros del jurado manifestaron su sincera conformidad con el criterio del emperador, eligiendo por unanimidad al autor de esta original obra como el primer ganador de este concurso.

Leyenda de China.

domingo, 18 de octubre de 2015

VALENTÍA Y COBARDÍA.


Una vez Confucio caminaba junto a un discípulo por unas montañas de tupida arboleda. Sentían mucha sed, por lo que mandó a su alumno que bajara al riachuelo a por un poco de agua.
Cuando Zi Lu, el adepto, se incorporó después de saciarse en las cristalinas aguas, sintió que su pelo se erizaba al ver a un tigre a su espalda con las dos patas delanteras levantadas, en plena acción de ataque y que le venía encima. Sentía tal pánico que empezó a mover mecánicamente las manos en una desesperada defensa instintiva. Fracciones de segundo antes de que la terrible pata de la fiera lo derribara de un golpe, se hizo de lado y se apoderó, no se sabe cómo, de la cola del tigre y tiró de ella con frenesí una y otra vez, con movimientos desenfrenados. Al final, vio que la fiera se alejaba gimiendo, quedándose él atónito, con la cola del tigre en las manos.
Un buen rato después, cuando hubo recuperado la calma de sus nervios destrozados, volvió con el agua y el exótico botín de su hazaña.
Preguntó al maestro cómo matan al tigre los más valerosos, Confucio le contestó:
—Los héroes lo hacen asestándole golpes en la cabeza, los menos valientes lo hacen tirando de sus orejas, y los cobardes se apoderan únicamente de la cola.
El discípulo de Confucio se sintió burlado. Arrojó lejos la cola del tigre y metió una piedra en su bolsillo. Odiaba a su maestro creyendo que le había enviado a por agua para que le matara la fiera. Quería vengarse con esa piedra justiciera, pero antes preguntó:
—Maestro, ¿cómo matan los más valerosos?
—Los más valerosos matan con el pincel, los menos valientes lo hacen con la lengua.
—¿Y los cobardes?
—Con la piedra en el bolsillo.
Su discípulo se estremeció de miedo y se puso de rodillas ante su sabio tutor. De allí en adelante se convirtió en el alumno más fiel y más brillante de Confucio.


jueves, 15 de octubre de 2015

LA GRULLA.


Un día esplendido una ostra se tendió en la arena a tomar sol, abrió su concha para que los agradables rayos del sol calentaran sus tiernas entrañas. Disfrutaba satisfecha del grato momento , cuando una grulla pasó a su lado y metió su largo pico para comer la exquisita carne. El impacto del dolor hizo a la ostra cerrar convulsivamente su concha antes que la grulla pudiera retirar el pico, quedando firmemente atrapada. Estaban en una postura incomoda para las dos. La ostra no podía cerrar sus conchas de protección y la grulla no podía retirar su largo pico. Pero la grulla no quería soltar la presa y la ostra tampoco quería librar al agresor. Empezaron a discutir dispuestas a no ceder ni un ápice:
—Si no me sueltas, te vas a morir deshidratada —maldecía la grulla.
—Tú también te morirás de hambre en dos días, contestaba la ostra con el mismo tono de enemistad.
Tan frenética discusión se prolongó toda la mañana. Al mediodía aún continuaban la contienda sin cesar. Al parecer, no iban a ponerse de acuerdo nunca.
En eso pasó un pescador, las vio y se rió a carcajadas. Las dos se convirtieron en presa del afortunado pescador. Ya en la cocina, las dos seguían forcejeando sin ceder un ápice.
De igual y necio modo procedemos los seres humanos, creando inútiles fricciones hasta que la muerte nos toma.

Leyenda China.

sábado, 10 de octubre de 2015

EL MONJE Y LA GEISHA.


Gessen era un monje artista. Lo llamaban “el monje avaro” ya que cobraba una gran suma y por adelantado.
En una oportunidad, una Geisha le pidió que la retratara. Él le preguntó cuánto estaba dispuesta a pagar por el retrato. Ella dijo “lo que sea necesario”. Gessen la pintó con una hermosa técnica y calidad de trabajo. La geisha quedó poco satisfecha ya que en su opinión, Gessen tenía el dinero en mente y eso corrompió su dibujo.
Lo que la gente no sabía, es que Gessen provenía de un pueblo pobre y había construido un granero allí. Decidió reparar el camino que llevaba al templo nacional ya que la gente que viajaba sobre él sufría al pasar por allí. También tuvo un maestro que falleció sin haber podido satisfacer su sueño de construir un templo. Gessen se lo construyó.
Una vez que logró terminar estos proyectos que tenía, se fue a vivir a las montañas y jamás volvió a pintar.

Muchas veces, al igual que la geisha, juzgamos las intenciones de los demás sin conocerlas.

Leyenda de Japón.

miércoles, 7 de octubre de 2015

EL ESCORPIÓN.


Un monje y sus discípulos caminaban por un camino cuando se enfrentaron a un puente, sobre el río vieron como un pequeño escorpión era arrastrado por el agua. El monje al ver esta escena corrió hacia el agua, entró en el río y tomó al escorpión con su mano para salvarlo.
Cuando lo traía, el animal lo picó y debido al fuerte dolor, el monje lo dejó caer sobre el agua. Pero rápidamente regresó a la orilla y con una rama de árbol lo tomó y lo llevó a la orilla.
Con gran dolor en su mano, el monje regresó junto a sus discípulos que observaban la escena perplejos.
Uno de ellos le dijo: "Maestro ¿por qué salvó al escorpión? Yo lo habría dejado ahogarse, mas aún después de lo que le hizo. Pero usted le respondió con su ayuda, ese animal no merecía compasión."
El monje le respondió:
"El escorpión actuó de acuerdo a su naturaleza, y yo de acuerdo a la mía."


Leyenda de Oriente.

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