domingo, 30 de junio de 2013

LAS DISTRACCIONES.


En un monasterio budista dos discípulos destacaban particularmente por su brillante inteligencia, si bien fueran muy diferentes el uno del otro. 

El primero solía pedir al abad que le dejara salir del monasterio para ver el mundo y en él poder poner en práctica su zen. El otro se contentaba con la vida monástica y, aunque le hubiera gustado ver el mundo, esto no le creaba ningún afán en absoluto. 

El abad, que nunca había accedido a los pedidos del primer monje, pensó un día que tal vez los tiempos eran maduros para que los jóvenes monjes fueran puestos a prueba. Les convocó, anunciándoles que había llegado el momento de que se fueran por el mundo durante todo un año. El primer monje exultaba. Dejaron el templo el día siguiente al amanecer. 

El año transcurrió rápido y los dos monjes regresaban al monasterio con muchas experiencias para contar. El abad quiso verles para conocer lo que ese año había supuesto para ellos y qué habían descubierto durante su estancia en el mundo laico. 

El primer monje, el que quería conocer el mundo material, dijo que la sociedad está llena de distracciones y tentaciones, y que es imposible meditar ahí fuera. Para practicar el zen no existe mejor lugar que el monasterio. 

El otro, por el contrario, dijo que salvo algunos aspectos superficiales no encontró gran diferencia a la hora de meditar y practicar el zen en el mundo exterior. Por tanto, a su parecer, quedarse en el templo o vivir en sociedad, le resultaba igual.

Tras haber escuchado ambos relatos, el abad les dio a conocer su decisión: al segundo monje le concedió la autorización para que se fuera. Al primero le dijo: "será mejor que tú te quedes aquí, todavía no estás preparado". 


Cuento Zen.

sábado, 29 de junio de 2013

INFERIORIDAD.


Un samurai, conocido por todos por su nobleza y honestidad, fue a visitar a un monje zen en busca de consejos, No obstante, en cuanto entró en el templo donde el maestro rezaba, se sintió inferior, y concluyó que a pesar de haber pasado toda su vida luchando por la justicia y la paz, no se había ni tan siquiera acercado al estado de gracia del hombre que tenía frente a él.
-¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? – le preguntó, no bien el monje hubo acabado de rezar. – Ya me enfrenté muchas veces con la muerte, defendí a los más débiles, sé que no tengo nada de qué avergonzarme. Sin embargo, al verlo meditando, he sentido que mi vida no tenía la menor importancia.
-Espera. En cuanto haya atendido a todos los que me han buscado hoy, te daré la respuesta.
Durante todo el día el samurai se quedó sentado en el jardín del templo, viendo como las personas entraban y salían en busca de consejos. Vio como el monje atendía a todos con la misma paciencia y la misma sonrisa luminosa en su rostro. Pero su estado de ánimo iba de mal en peor, pues había nacido para actuar, no para esperar. Por la noche, cuando ya todos habían partido, insistió:
-¿Ahora podrá usted enseñarme?
El maestro lo invitó a entrar y lo llevó hasta su habitación. La luna llena brillaba en el cielo y todo el ambiente respiraba una profunda tranquilidad.
-¿Ves esta luna, qué bonita es? Ella cruzará todo el firmamento y mañana el sol volverá a brillar. Solo que la luz del sol es mucho más fuerte y consigue mostrar los detalles del paisaje que tenemos a nuestra frente; árboles, montañas, nubes. He contemplado a los dos durante años, y nunca escuché a la luna decir “¿Por qué no tengo el mismo brillo que el sol? ¿es que quizás soy inferior a él?”
-Claro que no, -respondió el samurai,- la luna y el sol son dos cosas diferentes, y cada uno tiene su propia belleza. No podemos comparar a los dos.
-Entonces, ya sabes la respuesta. Somos dos personas diferentes, cada cual luchando a su manera por aquello que cree, y haciendo lo posible para tornar a este mundo mejor; el resto son solo apariencias.


Cuento Zen.

viernes, 28 de junio de 2013

CIELO E INFIERNO.


Un samurai desafió a un maestro zen a que explicara el concepto de cielo e infierno.
Pero el maestro respondió con desdén:
-No eres más que un tonto. ¡No puedo perder el tiempo contigo!
Herido en lo más profundo de su ser, el samurai lleno de ira, desenvainó la espada y gritó:
-¡Podría matarte ahora mismo por tu impertinencia!
-Se acaban de abrir las puertas del infierno- repuso el maestro con calma.
Desconcertado por las palabras del maestro, el samurai controló su furia y envainó la espada, agradeciendo al maestro por la lección.
-Se acaban de abrir las puertas del cielo- añadió el maestro.


Cuento Zen.

miércoles, 26 de junio de 2013

EL ZORRO INVÁLIDO.


Una vez un hombre vio a un zorro inválido y se preguntó cómo haría para estar tan bien alimentado. Decidió pues, seguirlo y descubrió que se había instalado en un lugar donde solía ir un gran león a devorar a sus presas.

Cuando el león terminaba de comer, se alejaba y entonces el zorro iba y se alimentaba a placer. El hombre se dijo:

-Yo también quiero que el destino me ofrezca de igual manera.

Se marchó a un pueblo y se sentó en una calle cualquiera a esperar. Pasó el tiempo y no sucedió nada, excepto que cada vez estaba más hambriento y débil. Entonces, en su debido momento, escuchó una voz interior que le dijo:

-¿Por qué quieres ser como un zorro que busca la manera de beneficiarse de otros?..., ¿Por qué no ser como un león para que otros se beneficien de ti?


Leyenda de China.

martes, 25 de junio de 2013

NATURALEZA.


Había un hombre que pasó tres años esculpiendo un trozo de jade para darle forma de hoja. Presentó su obra maestra al príncipe, que quedó muy impresionado y lo contrató.
La hoja parecía tan real que si se la ponía entre hojas de verdad no se la podía distinguir. Todo el mundo señalaba que era una obra de arte muy hermosa.

Sin embargo, cuando Lie Tze tuvo noticia de ello, dijo humorísticamente: "Si la Naturaleza necesitara tres años para hacer una hoja, tendríamos problemas."
Así pues, el sabio sabe que por mucho que imitemos a la naturaleza, esta continúa haciéndolo mejor.

Cuento Taoísta.

lunes, 24 de junio de 2013

EL INSULTO DEL INSENSATO.


Un insensato oyó que el Buda predicaba que debemos devolver bien por mal y fue y lo insultó. 

El Buda guardó silencio. Cuando el otro acabó de insultarlo, le preguntó: "Hijo mío, si un hombre rechazara un regalo, ¿de quién sería el regalo?". El otro respondió. "De quien quiso ofrecerlo". "Hijo mío", replicó el Buda, "me has insultado, pero yo rechazo tu insulto y éste queda contigo. ¿No será acaso un manantial de desventura para ti?".

El insensato se alejó avergonzado, pero volvió para refugiarse en el Buda.


Relato tibetano.

domingo, 23 de junio de 2013

MIRARSE.


—Cuando mires a tus compañeros procura mirarte a ti mismo, dijo el maestro al discípulo. 

—Pero, ¿no es una actitud egoísta?, cuestionó el discípulo. Si nos preocupamos por nosotros mismos jamás veremos lo que los otros tienen de bueno para ofrecer. 

— Ojalá siempre consiguiéramos ver las cosas buenas que están a nuestro alrededor —contestó el maestro— pero, en verdad, cuando miramos al prójimo estamos sólo buscando defectos. Intentamos descubrir una maldad, porque deseamos que sea peor que nosotros. Nunca lo perdonamos si nos hiere porque creemos que jamás seríamos perdonados por él. Conseguimos herirlo con palabras duras afirmando que decimos la verdad, cuando apenas estamos intentando ocultarla de nosotros mismos. Fingimos que somos importantes para que nadie pueda ver nuestra fragilidad. Por eso siempre que estés juzgando a tu hermano ten conciencia de que eres tú quien está en el tribunal. 

Cuento Zen.

sábado, 22 de junio de 2013

LAS DOS VASIJAS.


Un aguatero en la India tenía dos grandes vasijas, cada una colgaba de cada extremo de un palo que llevaba a través del cuello. Una de las vasijas tenía una rajadura en ella, y mientras que la otra estaba perfecta y siempre entregaba una porción completa de agua al final de una larga caminata desde el arroyo a la casa del patrón, la vasija desvencijada llegaba solamente medio llena. Por dos años enteros esto pasó diariamente, con el aguatero entregando solamente una vasija y media de agua al patrón de la casa. De hecho, la vasija perfecta estaba orgullosa de sus logros, perfectos para el final al cual había sido hecha. Pero la pobre vasija desvencijada estaba avergonzada de su propia imperfección, y miserable de que era capaz de solo lograr la mitad para lo que había sido hecha. 

Después de dos años de lo que percibió como una amarga falla, habló al aguatero un día por el arroyo. "Yo estoy avergonzada de mi misma, y quiero disculparme con Usted." "¿Por qué?," preguntó el aguatero. "¿De qué está avergonzada?" "He sido capaz, por estos dos años pasados, de entregar solamente la mitad de mi carga porque esta rajadura en mi costado causa que el agua se fugue hacia afuera a lo largo de la vía hasta el regreso a la casa de su patrón. A causa de mis fallas Usted ha tenido que hacer todo este trabajo y no consigue el valor completo de sus esfuerzos," la vasija dijo. El aguatero se sintió triste por la vieja vasija desvencijada, y en su compasión dijo, "Como retorne a la casa de mi patrón, quiero que note las hermosas flores a lo largo del camino." 

Evidentemente, a medida que fueron escalando el monte la vieja vasija desportillada notó al sol calentando las hermosas flores silvestres al lado del sendero, y esto la alegró algo. Pero al final de la senda, aún se sintió mal porque estaba fugándose la mitad de su carga, y de nuevo se disculpó ante el aguatero por su falla. El aguatero dijo a la vasija, "¿Notó que había flores solamente en su lado de la vía, pero no en el lado de la otra vasija? Eso era porque yo siempre he sabido de su falla, y saqué provecho de ella. He plantado semillas de flores en su lado del camino, y cada día mientras que caminamos de regreso del arroyo, Usted las ha regado. Por dos años he estado recogiendo estas hermosas flores para decorar la mesa de mi patrón. Sin ser de la forma como es, él no hubiera tenido esta belleza para agraciar su casa." 


Leyenda de India.

jueves, 20 de junio de 2013

JUICIO EQUIVOCADO.


En una aldea había un anciano muy pobre, pero hasta los reyes lo envidiaban porque poseía un hermoso caballo blanco 
Los reyes le ofrecieron cantidades fabulosas por el caballo pero el hombre decía:
Para mí, él no es un caballo, es una persona. ¿Y cómo se puede vender a una persona, a un amigo?
Era un hombre pobre pero nunca vendió su caballo. 
Una mañana descubrió que el caballo ya no estaba en el establo. Todo el pueblo se reunió diciendo:
Viejo estúpido. Sabíamos que algún día le robarían su caballo. Hubiera sido mejor que lo vendieras. ¡Qué desgracia!. 
-No vayáis tan lejos-dijo el viejo-
Simplemente decid que el caballo no estaba en el establo. Este es el hecho, todo lo demás es vuestro juicio. Si es una desgracia o una suerte, yo no lo sé, porque esto apenas es un fragmento. ¿Quién sabe lo que va a suceder mañana?. La gente se rió del viejo. Ellos siempre habían sabido que estaba un poco loco. Pero después de 15 días, una noche el caballo regresó. No había sido robado, se había escapado. Y no solo eso sino que trajo consigo una docena de caballos salvajes. 

Leyenda de China.

miércoles, 19 de junio de 2013

EL PERDÓN.


El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo. Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina, con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de los sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios. Días después, el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido, Devadatta preguntó: -¿No estás enfadado, señor? 
-No, claro que no. sin salir de su asombro, inquirió: 
-¿Por qué? Y el Buda dijo: 
-Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada. 
El Maestro dice: 
Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable. 
Y se alejó de allí. 


Cuento Budista.

martes, 18 de junio de 2013

EL VINO DE BUDA.


Cuando Buda estaba plantando una viña, se apareció Devadatta y pidió permiso para ayudarlo. 

Devadatta trajo primero un cordero, lo mató y vertió su sangre sobre los surcos. Después empapó la tierra con sangre de león. A continuación atrapó un mono y usó su sangre del mismo modo. Y finalmente le tocó el turno a un cerdo. Entonces Devadatta le explicó a Buda sus intenciones: 

Cuando el hombre tome la primera copa de vino se volverá dulce y alegre como el cordero. Con la segunda copa, será valiente y peleador como el león, jactándose de su poder. Después de la tercera copa, se pondrá en ridículo como un mono. Pero si toma cuatro o más copas se convertirá en un cerdo repugnante, sucio y bestial, capaz de revolcarse en el barro. 


Cuento Budista.



lunes, 17 de junio de 2013

LA ARAÑA Y SU TELA.


Dicen que una vez un hombre era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre ingresó a una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores de la que él se encontraba. Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios de la siguiente manera: 

"Dios todopoderoso, haz que dos ángeles bajen y tapen la entrada para que no entren a matarme". En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado: 

"Señor, te pedí ángeles, no una araña." Y continuó: "Señor, por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme". Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observo a la arañita tejiendo la telaraña. Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y éste quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva en la que se encontraba el hombre ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se escucho esta conversación: 

Primer hombre: "Vamos, entremos a esta cueva." Segundo hombre: "No. ¿No ves que hasta hay telarañas?, nadie ha entrado en ésta." 


Cuento budista.

domingo, 16 de junio de 2013

LAS FRESAS.


Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó: 
—¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? 
—No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda." 


Cuento budista.

sábado, 15 de junio de 2013

LA VERDADERA VERDAD.


El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque. –Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

–He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

–La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

–A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

–Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

–De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada.

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

–¿Adónde vas?

–Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita. El capitán aseveró:

–No lo creo.

–Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

–Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

–Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad... ¡ Su verdad!

El aferramiento a los puntos de vista es una traba mental y un fuerte obstáculo en el viaje interior.


Leyenda de India.

viernes, 14 de junio de 2013

LOS TRES HIJOS DE BOKUDEN.


Bokuden, gran Maestro de sable, recibió un día la visita de un colega. Con el fin de presentar a sus tres hijos a su amigo, y mostrar el nivel que habían alcanzado siguiendo su enseñanza, Bokuden preparó una pequeña estratagema: colocó un jarro sobre el borde de una puerta deslizante de manera que cayera sobre la cabeza de aquel que entrara en la habitación. Tranquilamente sentado con su amigo, ambos frente a la puerta, Bokuden llamó a su hijo mayor. Cuando éste se encontró delante de la puerta, se detuvo en seco. Después de haberla entreabierto cogió el vaso antes de entrar. Entró cerró detrás de él, volvió a colocar el jarro sobre el borde de la puerta y saludó a los Maestros. - Este es mi hijo mayor – dijo Bokuden sonriendo -, ya ha alcanzado un buen nivel y va camino de convertirse en Maestro. A continuación llamó a su segundo hijo. Este deslizo la puerta y comenzó a entrar. Esquivando por los pelos el jarro que estuvo a punto de caerle sobre el cráneo, consiguió atraparlo al vuelo. - Este es mi segundo hijo – explicó al invitado -, aún le queda un largo camino que recorrer.

El tercero entró precipitadamente y el jarro le cayó pesadamente sobre el cuello, pero antes de que tocara el suelo, desenvainó su sable y lo partió en dos.

- Y este – respondió el Maestro – es mi hijo menor. Es la vergüenza de la familia, pero aún es joven.


Leyenda de Japón.

jueves, 13 de junio de 2013

LA MANCHA NEGRA.


Mientras el maestro estaba dando clase a sus alumnos, salió una mancha negra de tinta en la hoja de papel blanca en que estaba escribiendo.
Preguntó a sus alumnos:
- ¿Qué veis?
Y todos a la vez respondieron:
- Una mancha negra
El maestro respondió:
- Todos os habéis fijado en la mancha negra.
- En cambio, nadie ha visto el resto de hoja blanca, que es mucho más extensa.


Cuento Zen.

miércoles, 12 de junio de 2013

INUTILIDAD.


Un granjero se puso tan viejo que no ya podría trabajar los campos. Así que pasaría el día sentado en el pórtico. Su hijo, aún trabajando la granja, levantaba la vista de vez en cuando y veía a su padre sentado allí. “Ya no es útil”, pensaba el hijo para sí, “¡no hace nada!”. Un día el hijo se frustró tanto por esto, que construyó un ataúd de madera, lo arrastró hasta el pórtico, y le dijo a su padre que se metiera dentro.

Sin decir nada, el padre se metió. Después de cerrar la tapa, el hijo arrastró el ataúd al borde de la granja donde había un elevado acantilado. Mientras se acercaba a la pendiente, oyó un débil golpeteo en la tapa desde adentro del ataúd.

Lo abrió. Aún tendido allí, pacíficamente el padre mirada hacia arriba a su hijo. “Sé que usted va a lanzarme al acantilado, pero antes de que lo haga, ¿puedo sugerir algo?”, “¿Qué?” contestó el hijo, “Arrójeme desde el acantilado, si usted quiere”, dijo a padre, “pero guarde este buen ataúd de madera. Sus niños pudieran necesitar usarlo”.


Leyenda de China. 

martes, 11 de junio de 2013

LAS PROVOCACIONES DEL SAMURAI.


Había una vez en el antiguo Japón, un viejo samurai , ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante. Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados.
Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible. Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró.

Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tu no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurai.
-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.
-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Leyenda de Japón.

lunes, 10 de junio de 2013

EMOCIONES.


Maestro, ¿por qué es bueno controlar las emociones? ¿Por qué no nos dejan pensar claramente?  
Sí hijo, por una parte, porque envenenan tu pensamiento. Por la otra, porque con ello cortas la cadena de condicionamientos hacia el futuro. Tu piensas y sientes tal como te lo enseñaron y no como tu lo elaboraste de tu experiencia, y lo haces porque al hecho de ser obediente tus mayores le dieron valor emocional. Si controlas tus emociones recuperas tu propia vida. 


Cuento Zen.

domingo, 9 de junio de 2013

TRAICIÓN.


Maestro ¿alguna vez te has sentido traicionado?
Si, la traición es responsabilidad de las dos partes, del traidor y del traicionado. 
El traidor abusa de tu confianza, te subestima y te engaña hasta que te das cuenta de ello; sin embargo, el traicionado sufre la desilusión porque creó una imagen falsa del traidor.
Mantente atento y busca ver la realidad tal cual es, aplica el Zen y tus posibilidades de ser traicionado serán mínimas.

Cuento Zen.

sábado, 8 de junio de 2013

RESPETO.


Maestro ¿qué es el respeto?
Hijo, el respeto no es nada más que una forma de comportarte con los demás en busca del mismo comportamiento. Con el respeto buscas paz y armonía con las otras personas, lamentablemente no siempre recibes lo mismo, pero lo importante es que tú lo apliques a todas las situaciones de la vida, es la mejor forma de obtenerlo a cambio.
                                            

Cuento Zen.

viernes, 7 de junio de 2013

ENCONTRAR LA BELLEZA.


Maestro ¿dónde encuentras la belleza?
Hijo, la encuentro donde mis sentidos me lo indican, la belleza que percibe cada uno es distinta a la de los demás, lejos de los estereotipos podemos apreciar un bello paisaje, una bella canción, una persona, un animal o cualquier fenómeno que llame nuestra atención por su armonía y todo lo que transmite, allí está la belleza.
Comprende tus sentidos, úsalos y disfruta la verdadera belleza.

Cuento Zen.

jueves, 6 de junio de 2013

USAR LA FUERZA.


Maestro, ¿cuáles son los criterios para usar la fuerza?  
Hijo, el principal es no usarla, pero si es necesario se deberá hacer uso de ella. En este caso se deberá seguir el criterio del equilibrio para que la reacción que apliques sea equivalente a la acción que la origina; ni más porque sería injusto, ni menos porque sería inútil.  El otro es que se debe aplicar sólo hasta conseguir el objetivo perseguido, o sólo hasta cuando las circunstancias lo dicten.


Cuento Zen.

miércoles, 5 de junio de 2013

SER FELIZ.


Maestro, ¡quiero ser feliz!   
Hijo, muy bien, me parece loable tu deseo pero dime ¿quién te lo impide?
Tú, porque me haces abrir los ojos y pensar en cosas que nunca pensé.  Bueno hijo, entonces tu solución es simple, sácate los ojos y deja de pensar, porque para tu pesar las clases de inquietud y búsqueda de paz las has pagado de por vida, sea que yo esté o no contigo. 


Cuento Zen.

martes, 4 de junio de 2013

CORRUPCIÓN.


Cierto mandarín lleno de codicia deseaba hacerse una fama de funcionario incorruptible. Cuando lo nombraron en su primer cargo, hizo juramento ante los dioses de no dejarse engatusar.
- Si mi mano izquierda llegara a aceptar dinero, que caiga convertida en polvo. Y si mi mano derecha lo hace, ¡que también caiga convertida en polvo! – exclamó.
Un buen día, algún tiempo más tarde, alguien le hizo llegar cien onzas de oro con el fin de asegurarse su apoyo en un asunto. Por miedo a la maldición que pesaba sobre él, a causa de su juramento, dudó en aceptar ese dinero que, sin embargo, codiciaba vivamente. Sus subalternos le dijeron:
- Que Su Señoría puede hacer colocar los lingotes de oro dentro de su manga, así, si la maldición obra, sólo la manga caerá hecha polvo.
El magistrado encontró que el consejo era bueno y aceptó el oro.


Leyenda de China.

lunes, 3 de junio de 2013

PASOS.


Maestro, he despertado lleno de energías, con ganas de triunfar. ¡A partir de hoy me he propuesto llegar a ser el hombre más rico del mundo!  
Hijo, me gusta tu entusiasmo y deseo que logres lo que te propones, pero me permitirás un pequeño consejo: si quieres caminar kilómetros debes comenzar con un paso. Pequeños logros van acumulando grandes progresos.


Cuento Zen.

domingo, 2 de junio de 2013

CONFIANZA.


Maestro, ¿cuándo sabemos que estamos en presencia de una persona centrada, en la que podemos confiar plenamente?  
Hijo, evita la confianza plena; es peligrosa. En seguida, todo hombre fluctúa entre la contemplación serena y la acción enérgica. La persona centrada es aquella que está en equilibrio entre ambos extremos. Cualquier inclinación hacia alguno, la descentra. 


Cuento Zen.

sábado, 1 de junio de 2013

MATANDO DRAGONES.


Zhu Pingman salió en busca de un maestro para aprender la mejor manera de matar dragones. Encontró un maestro que le entrenó durante diez años seguidos, hasta que éste consiguió desarrollar a la perfección la técnica más sofisticada para matar dragones, las criaturas más temidas de China.
Desde entonces, Pingman pasó el resto de su vida buscando dragones para poder mostrar a todos sus habilidades. 
Para su desilusión, nunca encontró ninguno.
Todos nosotros nos preparamos para matar dragones y terminamos siendo devorados por las hormigas de los detalles, a las que nunca prestamos atención.


Leyenda de China.

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