martes, 30 de abril de 2013

LA ESTATUA CALMA.



En la antigua China, dos monjes caminaban por el patio del templo y se detuvieron a observar una estatua milenaria de Buda que era muy distinta a las demás que estaban en el templo.
La estatua de Buda era de madera fina, construida por un artesano respetado y mantenida por los monjes en un perfecto estado de conservación.

En la cara del Buda se reflejaba una paz absoluta, en un semblante tranquilo y casi humano.
Los dos monjes dialogaban sobre el estado aparente del Buda, uno de ellos aseguraba que esa era la paz perfecta, el otro respondía que era imposible alcanzarla de tal forma, ya que la estatua era un ser inerte, que un hombre no podía lograrlo jamás.
La discusión continuaba sin tener un punto en común, uno buscaba imitar la estatua, el otro sostenía que era imposible.

Fue entonces que el Maestro de ambos que caminaba por allí se acercó y los escuchó con atención, después de un rato les contestó, ambos tienen razón y están equivocados a la vez.

La respuesta fue la siguiente:
La estatua refleja la calma absoluta, el objetivo final de cada practicante del Budismo, pero no tiene corazón, sus sentimientos son inexistentes y estos son los que nos impiden la ansiada calma, pero no es imposible lograrla sino el Camino que emprendimos no tiene sentido.

Leyenda de China.

lunes, 29 de abril de 2013

EL MILAGRO.



Dos discípulos charlaban.

- Mi maestro cruza el río caminando sobre el agua. ¿Puede el tuyo obrar milagros como el mío? —le preguntó el primero, con aire de superioridad, al otro.

Éste le respondió humildemente:

- El milagro más grande que hace mi maestro es no hacerlos.


Leyenda Zen.

domingo, 28 de abril de 2013

LOS DOS SADHUS.



Ésta es la historia de dos sadhus.

Uno de ellos había sido enormemente rico y, aun después de haber cortado con sus lazos familiares y sociales y renunciar a sus negocios, su familia cuidaba de él y disponía de varios criados para que le atendieran. El otro sadhu era muy pobre, vivía de la caridad pública y sólo era dueño de una escudilla y una piel de antílope sobre la que meditar. Con frecuencia, el sadhu pobre se jactaba de su pobreza y criticaba y ridiculizaba al sadhu rico. Solía hacer el siguiente comentario: Se ve que era demasiado viejo para seguir con los negocios de la familia y entonces se ha hecho renunciante, pero sin renunciar a todos sus lujos. El sadhu pobre no perdía ocasión para importunar al sadhu rico y mofarse de él. Se le acercaba y le decía: Mi renuncia sí que es valiosa y no la tuya, que en realidad no representa renuncia de ningún tipo, porque sigues llevando una vida cómoda y fácil. Un día, de repente, el sadhu rico, cuando el sadhu pobre le habló así, dijo tajantemente:

–Ahora mismo, tú y yo nos vamos de peregrinación a las fuentes del Ganges, como dos sadhus errantes.

El sadhu pobre se sorprendió, pero, a fin de poder mantener su imagen, tuvo que acceder a hacer una peregrinación que en verdad le apetecía muy poco. Ambos sadhus se pusieron en marcha. Unos momentos después, súbitamente, el sadhu pobre se detuvo y, alarmado, exclamó:

–¡Dios mío!, tengo que regresar rápidamente.

En su rostro se reflejaba la ansiedad.

–¿Por qué? -preguntó el sadhu rico.

–Porque he olvidado tomar mi escudilla y mi piel de antílope.

Y entonces el sadhu rico le dijo:

–Te has burlado durante mucho tiempo de mis bienes materiales y ahora resulta que tú dependes mucho más de tu escudilla y tu piel que yo de todas mis posesiones.

El secreto está en no ser poseído por lo que se posee.


Leyenda de India.

sábado, 27 de abril de 2013

EL MEJOR ARQUERO.



En la China antigua se contaba el caso de un príncipe que era extraordinariamente aficionado al arte de la arquería. La verdad es que, como era de débil complexión, tenía que servirse de un arco de peso ligero y que, por tanto, no tenía capacidad para lanzar las flechas a distancias muy largas. Sin embargo, el príncipe estaba muy satisfecho con su arco y la potencia que con el mismo podía desarrollar. Aunque el arco era fácilmente sostenible, los consejeros lo cogían y simulaban que pesaba tanto que sólo los "fornidos" brazos del príncipe podían sostenerlo y tensarlo.

Cada vez que el príncipe disparaba con el arco, le decían:

—¡Fabuloso! ¡Qué destreza, qué potencia! Y nosotros ni siquiera podemos sostener tan pesado arco.

El príncipe no cabía en sí de satisfacción. Estaba convencido de que sólo él podía sostener el arco, y que mediante su fortaleza y habilidad lograba proyectar la flecha a considerable distancia. Y en ese engaño vivió durante años... Pero un día recibió una invitación para participar en un torneo de tiro con arco que llevarían a cabo los príncipes de varios reinos. Los consejeros hicieron todo lo posible para conseguir que el príncipe desistiera de acudir a la competición. Pero el arrogante príncipe aseguró que iría y asombraría a todos con su inigualable destreza.

Llegó el día de la competición. El príncipe estaba realmente exultante. La diana había sido situada a una buena distancia. Todos lo príncipes, con mejor o peor puntería, lograron que sus flechas llegaran hasta el área de la diana. Llegó el momento crucial para el príncipe bobo. Se pavoneaba descaradamente manejando con soltura su muy "pesado" arco. Tensó el arco, disparó y la flecha no alcanzó más que medio recorrido. Avergonzado y a la vez irritado, lo intentó de nuevo y nuevamente la flecha sólo alcanzó medio recorrido, ante las risas y burlas de los presentes.


Leyenda de China.

viernes, 26 de abril de 2013

SIN SENTIDO.



Un maestro zen, al saber que uno de sus discípulos no había comido nada en tres días, le preguntó las razones de aquel ayuno.

- Intento luchar contra mi yo —dijo el discípulo.

- Es una tarea difícil —dijo el maestro desaprobando con la cabeza—. Y todavía debe de serlo más con el estómago vacío.


Cuento Zen.

jueves, 25 de abril de 2013

EL CAMINO MEDIO.



Cuando Buda emprendió su búsqueda espiritual, se dedicó a practicar innumerables austeridades.

Un buen día acertaron a pasar un músico y su alumno junto al árbol bajo el que estaba él sentado haciendo meditación. El maestro aleccionaba a su alumno de la siguiente forma: 

- No tenses demasiado las cuerdas de tu sitar (cítara), o se romperán. No las dejes demasiado flojas, o no producirán música. Procura dar con el término medio.

Aquellas palabras produjeron tal impacto en Buda que revolucionaron toda su manera de ver la espiritualidad. Se iluminó. Estaba convencido de que habían sido pronunciadas para él, y desde aquel instante renunció a todos sus rigores y emprendió un camino fácil y liviano: el de la moderación.

De hecho, su método de acceder a la iluminación se conoce con el nombre de camino medio o camino del medio y es seguido por millones de personas en todo el mundo.


Leyenda de China.

martes, 23 de abril de 2013

LA ALEGRÍA DE LOS PECES.



Chuang Tzu y Houei Tzu conversaban mientras atravesaban un puente sobre el río Hao. Chuang Tzu, dijo:

- Mira como las carpas nadan a su antojo, ésta es la alegría de los peces.

Houei Tzu le respondió:

- Si no eres un pez, ¿Cómo sabes en qué consiste la alegría de los peces?

A lo que Chuang Tzu contestó:

- Si tú no eres yo, ¿Cómo sabes que yo no sé en que consiste la alegría de los peces?



Leyenda de China.

lunes, 22 de abril de 2013

EL CARACOL.



Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta, cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal y dijo:

- Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación.

Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.

- ¡Inconsciente! —exclamó furioso el otro monje—. Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.

Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso:

- Vamos a contarle este caso al gran sacerdote. Él será lo bastante sabio y objetivo para decidir quien de nosotros dos tiene la razón.

Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo:

- Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien. ¡Tienes razón!.

El segundo monje respondió.

- ¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer.

El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo:

- Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. ¡Tienes razón!.

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó.

- ¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?

El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo:

- Es verdad. ¿Cómo pueden tener razón los dos? ¡También tu tienes razón!.



Leyenda de China.

domingo, 21 de abril de 2013

EL SABOR DEL MAR.



Se trataba de un hombre que nunca había tenido ocasión de ver el mar.

Vivía en un pueblo del interior de la India. Una idea se había instalado con fijeza en su mente: No podía morir sin ver el mar. Para ahorrar algún dinero y poder viajar hasta la costa, tomó otro trabajo además del suyo habitual. Ahorraba todo aquello que podía y suspiraba porque llegase el día de poder estar ante el mar.

Fueron años difíciles. Por fin, ahorró lo suficiente para hacer el viaje. Tomó un tren que le llevó hasta las cercanías del mar. Se sentía entusiasmado y gozoso. Llegó hasta la playa y observó el maravilloso espectáculo. ¡Qué olas tan mansas! ¡Qué espuma tan hermosa! ¡Qué agua tan bella! Se acercó hasta el agua, con un recipiente tomó un poco y se la llevó a los labios para degustarla. Entonces, muy desencantado y abatido, pensó: !Qué pena que pueda saber tan mal con lo hermosa que es!

Por ignorancia, cuando tus expectativas no son satisfechas, te desencantas. El ser liberado sólo espera aquello que ocurre.

Leyenda de India.

sábado, 20 de abril de 2013

EL VERDADERO PODER.



En cierta ocasión, Buda se vio amenazado de muerte por un bandido llamado Angulimal.

- Sé bueno —le dijo Buda—, y ayúdame a cumplir mi último deseo. Corta una rama de ese árbol.

Con un golpe de su espada, el bandido hizo lo que le pedía Buda

- ¿Y ahora, qué? —le preguntó a continuación.

- Ponla de nuevo en su sitio —dijo Buda.

El bandido soltó una carcajada: 

- ¡Debes de estar loco si piensas que alguien puede hacer semejante cosa!

- Al contrario —le dijo Buda—. Eres tú el loco al pensar que eres poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es cosa de niños. El poderoso es el que sabe crear y curar.


Leyenda de China.

viernes, 19 de abril de 2013

SORPRESAS DEL DESTINO.



En esa inmensa tierra que es China, las catástrofes naturales son frecuentes. Se cuenta como cierto que una vez llegaron las lluvias y una pavorosa riada se llevó la choza de un campesino. Pero las riadas dejaron una joya en su lugar, arrastrada de alguna otra parte por las violentas aguas. El campesino, que era muy pobre, cambió la joya por dinero, reconstruyó su choza y el resto de la suma se la entregó a un muchacho huérfano y desvalido que malvivía cerca de él.

En esa misma ocasión, en otro poblado, un hombre para salvarse de la riada tuvo que subirse a un árbol que flotaba sobre las aguas. Otro hombre le pidió ayuda, pero se dijo: "cualquiera se expone a subir a otro al árbol, no vaya a volcar", y no prestó auxilio al que lo necesitaba.

Transcurrieron los años. Llegaron los días amargos y desoladores de la guerra. El campesino bondadoso fue alistado y gravemente herido. Fue conducido al hospital. El médico joven y eficaz que se ocupó de él no era otro que el muchachito huérfano. Le reconoció y aunque el campesino estaba muy mal herido, puso todo su empeño y amor en curar al generoso hombre y lo logró. Nació de allí y de por vida una profunda amistad.

El campesino egoísta también fue alistado. El capitán de la tropa no era otro que el hombre que no había sido auxiliado. Ordenó que el campesino fuera enviado en el acto a primera línea de combate. Un amanecer frío y brumoso halló la muerte a manos del enemigo.


Leyenda de China.

jueves, 18 de abril de 2013

EL PUENTE DE MADERA.



El joven Wang nació en una familia de campesinos que trabajaban la tierra desde que amanecía hasta el atardecer, llevaban una vida sencilla pero nunca les había faltado nada.
Pero en la familia de cinco hermanos, Wang era quien se diferenciaba de los demás por algo que nadie de la familia tenía, ambición desmesurada por la riqueza.

Además no le gustaba trabajar, quería enriquecerse sin esfuerzo y alejarse de su familia para llevar una vida de ostentaciones y derroches que su familia nunca tuvo.
Cierto día Wang se encontraba caminando más allá del pequeño campo de su familia cuando decidió sentarse a descansar sobre una piedra debajo de un frondoso árbol.

Wang se cansaba fácilmente porque no estaba acostumbrado a trabajar como sus padres y hermanos, entonces escarbando con un pedazo de una rama sobre la tierra observó que había algo enterrado. La curiosidad lo llevó a cavar cerca de la piedra y descubrió un baúl de madera enterrado.
Lo desenterró y para su sorpresa encontró en su interior una gran cantidad de monedas de oro, tal fue su alegría que no sabía qué hacer. Pensó en ir a buscar a su familia pero no quería compartir su tesoro, esa era su oportunidad de llevar la vida que anhelaba. Por otro lado no sabía cómo llevar ese baúl sin ser visto, dónde esconderlo y en lo posible hacer el menor esfuerzo posible para cargarlo.

Después de un rato pensando decidió tomar un atajo por un puente de madera por el que casi nadie transitaba, llegaría así a su casa y escondería por esa noche el baúl en el granero y no diría nada del hallazgo.
Cargó el baúl sobre su hombro y caminó hasta el puente, se decepcionó al ver que el puente estaba en muy mal estado y que para cruzarlo debería hacerlo sin su carga.

Pensó en dejar un poco de monedas y cruzar, pero al primer paso la madera crujió. Pensó en volver por el camino más largo pero no quería cansarse. Por lo que concluyó que lo mejor sería utilizar toda su energía para cruzar el puente corriendo, con el baúl lleno y sin darle tiempo a que el puente se desmoronara, tomó impulso y empezó a correr. El puente no soportó el peso y el joven cayó con el baúl al río, sujeto al mismo no quería desprenderse de su tesoro para nadar, abrazado al baúl el joven se hundió en el río y nunca más fue visto.

Leyenda de China.

miércoles, 17 de abril de 2013

BELLEZA.



Había en el reino Wu una mujer bellísima, llamada Xi Shi. Antes de que fuera elegida como Primera Dama del Reino, vivía en una calle céntrica de la capital. Cuando salía a lavar en el riachuelo, deslumbraba a la gente con su gracia y su encanto. Las chicas de la ciudad sentían admiración y envidia a la par de su extraordinaria y cautivadora belleza. Todo lo que llevaba se convertía en moda a los pocos días. Su gracioso andar era copiado por las doncellas, que la imitaban incluso cuando se secaba el sudor de la frente.

Un día, la bella mujer sintió dolor de estómago cuando caminaba por la calle. Tenía las cejas fruncidas por las continuas molestias abdominales. En eso, la vio una muchachita fea. Su ancha cara se iluminó, creyendo haber visto la clave de la belleza de la graciosa Xi Shi.

Desde aquel día, andaba siempre con las cejas fruncidas y una expresión de angustia. Pero le extrañaba que la gente, en vez de mirarla con simpatía, huía de ella más que nunca.



Leyenda de China.

martes, 16 de abril de 2013

LA LEYENDA DE BUDA.



Durante muchos años el Buda se dedicó a recorrer ciudades, pueblos y aldeas impartiendo la Enseñanza , siempre con infinita compasión. Pero en todas partes hay gente aviesa y desaprensiva. Así, a veces surgían personas que se encaraban al maestro y le insultaban acremente.

El Buda jamás perdía la sonrisa y mantenía una calma imperturbable. Hasta tal punto conservaba la quietud y la expresión del rostro apacible, que un día los discípulos, extrañados, le preguntaron:

-Señor, ¿cómo puedes mantenerte tan sereno ante los insultos?

Y el Buda repuso:

-Ellos me insultan, ciertamente, pero yo no recojo el insulto.


Leyenda de China.

lunes, 15 de abril de 2013

LA PROMESA A LA CARPA.



Era un laborioso campesino. Las cosechas habían sido muy malas ese año y el campesino apenas podía darle algo de comer a su mujer e hijos. Tan desesperada era su situación que no le quedó más remedio que recurrir a un noble y rogarle:

Señor, por favor te lo pido, préstame un poco de grano porque si no no podremos sobrevivir.

Está bien, está bien—dijo el potentado. Haré más que eso. Te prestaré una suma en monedas de oro, pero naturalmente tienes que esperar unos meses a que recaude los impuestos. ¿Estás de acuerdo?

He aquí la respuesta del campesino:

—Cuando venía hacia acá, de repente escuché una voz que pedía auxilio. Al acudir a la llamada de socorro, descubrí que se trataba de una carpa en lamentable situación. Estaba arrojada en medio del camino, bajo un sol abrasador. "¿Qué te pasa, compañera?", le pregunté. Contestó entre estertores: "Soy del Mar del Este y me estoy muriendo en este desierto. Por favor, por favor, ¿no dispone usted de un cubo de agua en el que poder sumergirme?" Y yo le dije: "Está bien, está bien. Haré más que eso, te traeré un barreño grande, pero tendrás que esperar a que visite el sur y traiga agua de un río de allí." Entonces la carpa alegó: "Me haces promesas, pero no me facilitas lo único que me salvaría: el cubo de agua. Cuando me traigas el barreño, no me busques aquí, sino en la pescadería."


Leyenda de China.

domingo, 14 de abril de 2013

LOS DIEZ HOMBRES.



Eran diez amigos. Todos ellos eran muy ignorantes. Decidieron ponerse de acuerdo para hacer una excursión.

Querían divertirse un poco y pasar un buen día en el campo. Prepararon algunos alimentos, se reunieron a la salida del pueblo al amanecer y emprendieron la excursión. Iban caminando alegremente por los campos charlando sin cesar entre grandes carcajadas. Llegaron frente a un río y, para cruzarlo, cogieron una barcaza que había atada a un árbol. Se

sentían muy contentos, bromeando y chapoteando en las aguas. Llegaron a la orilla opuesta y descendieron de la barcaza.

¡Estaba siendo un día estupendo! Ya en tierra, se contaron y descubrieron que solamente eran nueve. Pero, ¿dónde estaba el décimo de ellos? Empezaron a buscar al décimo hombre. No lo encontraban. Comenzaron a preocuparse y a lamentar su pérdida. ¿Se habrá ahogado? ¿Qué habrá sido de él? Trataron de serenarse y volvieron a contarse. Sólo contaban nueve. La situación era angustiosa. Uno de ellos se había extraviado definitivamente.

Comenzaron a gimotear y a quejarse.

Entonces pasó por allí un vagabundo.

Vio a los hombres que otra vez se estaban contando. El vagabundo descubrió enseguida lo que estaba pasando.

Resulta que cada hombre olvidaba contarse a sí mismo. Entonces les fue propinando una bofetada a cada uno de ellos y les instó a que se contaran de nuevo. Fue en ese instante cuando contaron diez y se sintieron muy satisfechos y alegres.

El décimo hombre no era una nueva adquisición.
Siempre estuvo allí, como el Ser que reside dentro del ser humano. Nunca ha estado ausente. En cuanto se disipe la ofuscación de la mente será percibido.



Leyenda de India.

viernes, 12 de abril de 2013

CODICIA.



Había una vez un hombre en el Reino de Qi que tenía sed de oro. Una mañana se vistió con elegancia y se fue a la plaza. Apenas llegó al puesto del comerciante en oro, se apoderó de una pieza y se escabulló.
El oficial que lo aprehendió le preguntó:
- ¿Por qué robo el oro en presencia de tanta gente?
- Cuando tomé el oro – contestó –, no vi a nadie. No vi más que el oro.


Leyenda de China.

miércoles, 10 de abril de 2013

EL POLLO.



He aquí que un hombre entró en una pollería. Vio un pollo colgado y, dirigiéndose al pollero, le dijo:

–Buen hombre, tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y necesito un pollo. ¿Cuánto pesa éste?

El pollero repuso:

–Dos kilos, señor.

El cliente meció ligeramente la cabeza en un gesto dubitativo y dijo:

–Éste no me vale entonces. Sin duda, necesito uno más grande.

Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se habían vendido. El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión. Cogió el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:

–No se preocupe, señor, enseguida le traeré un pollo mayor.

Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con el mismo pollo entre las manos, y dijo:

–Éste es mayor, señor. Espero que sea de su agrado.

–¿Cuánto pesa éste? -preguntó el cliente.

–Tres kilos -contestó el pollero sin dudarlo un instante. Y entonces el cliente dijo:

–Bueno, me quedo con los dos.


Leyenda de India.

martes, 9 de abril de 2013

SUPOSICIONES.



Tres amigos estaban haciendo una interesante excursión por los amplios alrededores de su localidad. Cuando pasaban al lado de una colina, vieron en su cima a un hombre sentado en solitario. ¿Qué hará allí ese individuo?, se preguntaron. Cada uno expuso su interpretación:
—Con toda seguridad está extraviado y permanece a la espera de que alguien pase por allí y pueda orientarle —dijo uno de los amigos.
—No, lo que yo pienso —intervino otro de los excursionistas— es que se ha sentido indispuesto y se ha sentado a reponerse.
—Estáis seguramente equivocados —repuso el tercer amigo—. Tened la certeza de que está esperando a alguna otra persona que se está retrasando en la cita.
Y así, cada uno empeñado en su versión, comenzaron a porfiar, hasta que decidieron trasladarse a la cima de la montaña y resolver sus dudas, a la par que saciaban su curiosidad.
—¿Te has perdido? —preguntó el que mantenía tal versión.
—No —repuso el desconocido.
—¿Estás indispuesto? —preguntó otro amigo. —No.
—¿Estás esperando a alguien? —inquirió el tercer excursionista.
—No.

Entonces los tres amigos, desconcertados, preguntaron al unísono:
—¿Y qué haces aquí?

Y el desconocido repuso apaciblemente: —Simplemente, estoy.


Leyenda de China.

LEYENDAS DE OCCIDENTE.



Amigos, los invito a seguir el Blog, Leyendas de Occidente con las frases y enseñanzas de personalidades de diferentes ámbitos como: literatura, cine, política, sociedad, filosofía, artes plásticas, ciencias, etc.
Los espero en:
http://leyendas-de-occidente.blogspot.com/

Un gran saludo, Oz.

lunes, 8 de abril de 2013

CULTIVANDO LA PACIENCIA.



Un mandarín, a punto de asumir su primer puesto oficial, recibió la visita de un gran amigo que iba a despedirse de él.
- Sobre todo, sé paciente – le recomendó su amigo – y de esa manera no tendrás dificultades en tus funciones.
El mandarín dijo que no lo olvidaría.
Su amigo le repitió tres veces la misma recomendación, y cada vez, el futuro magistrado le prometió seguir su consejo. Pero cuando, por cuarta vez, le hizo la misma advertencia, estalló:
- ¿Crees que soy un imbécil? ¡Ya van cuatro veces que me repites lo mismo!
- Ya ves que no es fácil ser paciente: lo único que he hecho ha sido repetir mi consejo dos veces más de lo conveniente y ya has montado en cólera – suspiró el amigo.


Leyenda de China.

domingo, 7 de abril de 2013

INCONFORMISMO.



Un pobre hombre se encontró con un antiguo amigo en su camino. Este tenía un poder sobrenatural que le permitía hacer milagros. Como el hombre pobre se quejara de las dificultades de su vida, su amigo tocó con el dedo un ladrillo que de inmediato quedó transformado en oro. Se lo ofreció al pobre, pero éste encontró que eso era muy poco. El amigo tocó un león de piedra que se convirtió en un león de oro macizo y lo agregó al ladrillo de oro. El pobre hombre encontró que el regalo era aún insuficiente.
- ¿Qué más deseas pues? – le preguntó el hacedor de prodigios.
- ¡Quisiera tu dedo! – contestó el otro.


Leyenda de China.

sábado, 6 de abril de 2013

AGRADAR A TODOS.



Un día la lechuza se encontró con la tórtola.
- ¿A dónde vas? – preguntó la tórtola.
- Me estoy mudando al Este – dijo la lechuza.
- ¿Por qué? – demandó la tórtola.
- A la gente de aquí no le gusta mi graznido – replicó la lechuza –. Por eso quiero trasladarme al Este.
- Si puedes cambiar tu voz, estará muy bien. Pero si no puedes, aunque te vayas al Este, será lo mismo, porque a la gente de allí no le gustará tampoco.


Leyenda de China.

viernes, 5 de abril de 2013

LA APUESTA DEL JENGIBRE.



En el Reino de Chu vivía un hombre que ignoraba donde crece el jengibre.
- El jengibre crece en los árboles – dijo.
- Crece en el suelo – le contestaron.
El hombre se empecinó.
- Venga conmigo, interrogaremos a diez personas diferentes – le dijo a su interlocutor –. Le apuesto mi asno a que el jengibre crece en los árboles.
Sucesivamente, las diez personas interrogadas dieron todas la misma contestación:
- El jengibre crece en el suelo.
El apostador se turbó.
- Tome, llévese mi asno – le dijo al ganador –, ¡eso no impide que el jengibre crezca en los árboles!


Leyenda de China.

jueves, 4 de abril de 2013

EL CASTIGO DESMEDIDO.



En el antiguo reino Chi la penalización de cualquier delito, por insignificante que fuere, era extremadamente rigurosa: la amputación de un pie. En pocos años, las calles se llenaron de cojos, víctimas de sus propias faltas: pelear con alguien en la calle, faltarle el respeto a un señor o simplemente coger una fruta en un huerto ajeno. La gente estaba aterrorizada por la rigurosidad de la Ley, lo que afligía profundamente a Yan Zi, el consejero estatal.

Un día, el rey le preguntó por qué no quería vivir en el palacio. Yan Zi le contestó:

—Majestad, estoy feliz viviendo en el centro de la capital. Así me entero de lo que piensa la gente y de los precios del mercado.

El Rey mostró vivo interés en el tema, inquiriéndole:

—¿Qué es lo más caro y qué es lo más barato? —Majestad, lo más caro son los pies postizos y lo más barato son los zapatos.

Sorprendido por la respuesta y sin entender la causa, decidió confirmarlo personalmente.

Al día siguiente, vestido de paisano y acompañado de Yan Zi, el monarca salió del Palacio Real e hizo una inspección por las calles comerciales. Allí comprobó efectivamente que abundaban zapaterías con un buen surtido de géneros, que eran bastante baratos. Pero curiosamente había muy escasos compradores. Por el contrario, no encontraron a ningún vendedor de pies postizos con existencias en su almacén. Se acercó el Rey a uno de los vendedores para preguntarle la razón de la ausencia de géneros. El vendedor lo miró con extrañeza, mientras le contestaba:

—¿Pero no sabe usted que amputan a cualquiera por cualquier pecado? Se agotan pronto y al precio que se pongan.

—¡Qué pena! De continuar así las cosas, ¿Quién trabajará la tierra y quién irá a la guerra?

El Consejero fingió sorprenderse mucho y dejó escapar un bien meditado comentario. El Rey se dio cuenta de la gravedad del asunto y sentenció con firmeza:

—A partir de hoy mismo se abolirá la Ley de Amputación.

El Consejero mostró una sonrisa de satisfacción. Todo salió como él había planeado. El día anterior, dispuso que todas las zapaterías tuvieran la totalidad de sus mercaderías y que los vendedores de pies postizos cerraran su negocio, durante un día. Su lucidez y compasión habían conseguido un noble fin.



Leyenda de China.

miércoles, 3 de abril de 2013

LAS PALOMAS DEL PRÍNCIPE.



Era costumbre en Handan cazar palomas para regalarlas al príncipe el día de Año Nuevo. Esto agradaba tanto al soberano que repartía valiosas recompensas. Alguien le preguntó la razón de esta costumbre.
- El día de Año Nuevo dejo las palomas en libertad para demostrar mi bondad – contestó el príncipe.
- Como sus súbditos saben que Ud. necesita palomas para liberarlas  todos se dedican a cazarlas – comentó el otro –. Y el resultado es que al cazarlas, mueren muchas. Si Ud. realmente quiere salvarlas, es mejor que prohíba su caza. Tal como están las cosas, Ud. las caza para liberarlas y su bondad no puede reparar el daño que ocasiona.
El príncipe asintió.


Leyenda de China.

martes, 2 de abril de 2013

LA LIBERTAD DEL LORO.



Ésta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitar un sabroso té de Cachemira.

Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistente y vehementemente:

–¡Libertad, libertad, libertad!

No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: !Libertad, libertad!.

Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: !Libertad, libertad! Al invitado se le partía el corazón.

¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando: ¡Libertad, libertad!

Como este loro, son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla.


Leyenda de India.

lunes, 1 de abril de 2013

LAS ENSEÑANZAS DE LA ABUELA.



Li Bai, el poeta más consagrado de China, tiene mucho que agradecer a una anciana analfabeta.
Cuando era niño no le gustaba ir al colegio. Muchas veces se detenía en el camino observando con curiosidad cualquier cosa, y no llegaba nunca a su destino. Sentía miedo y a la vez odio hacia el profesor severo, que castigaba a los alumnos por cualquier travesura o negligencia. Le aburrían los libros escritos en lenguaje clásico. Le parecía que nunca iba a aprender de memoria las difíciles reglas gramaticales y las pesadas enseñanzas de los filósofos antiguos. Para él era mucho más divertido observar el movimiento de las hormigas o el trabajo del herrero que forjaba herramientas y armas.

Un día, camino del colegio, se distrajo viendo a una señora de avanzada edad trabajando a la orilla del río. La mujer afilaba afanosamente una barra de hierro en una rústica piedra.

—¿Qué está haciendo? —preguntó el infante lleno de curiosidad.

La anciana, sin levantar la cabeza, le contestó amablemente mientras seguía puliendo la barra metálica:

—Mi querido hijo, quiero hacer una aguja de coser.

El joven quedó totalmente desconcertado: —Pero, abuela, ¿cómo es posible hacer de una barra de este grosor una aguja tan pequeña?

—Sí, pequeño. Siempre he hecho agujas con estas barras de hierro. Son mejores que las que hay en el mercado.

La abuela le contestó como si fuera lo más natural del mundo, pero el niño quedó totalmente desconcertado.

—¿No se impacienta por lo penoso del trabajo?

—La constancia hace milagros. Si un día no es suficiente, podré dedicar diez o cien. Pero tendré que transformarla en una aguja de coser. Tarde o temprano, lo conseguiré.

A partir de ese día, Li Bai siempre pasaba por la orilla del río camino del colegio. Durante varios meses encontró a la abuela trabajando constantemente con su barra de hierro, que se empequeñecía, se afilaba y se convertía en una diminuta aguja. Mientras tanto se formaba buenos hábitos en el colegio y llegó a ser el alumno más aplicado de la clase.

Treinta años más tarde, entró en el Palacio Imperial con todos los honores de un poeta consagrado.


Leyenda de China.

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