sábado, 30 de marzo de 2013

LA SINCERIDAD DEL POBRE.



Un hombre rico y un hombre pobre tenían la siguiente conversación.
- Si yo te diera el veinte por ciento de todo el oro que poseo, ¿me adularías? – le preguntó el primero.
- El reparto sería demasiado desigual para que tú merecieras cumplidos – contestó el segundo.
- ¿Y si yo te diera la mitad de mi fortuna?
- Entonces seríamos iguales; ¿con qué fin halagarte?
- ¿Y si yo te lo diera todo?
- En ese caso, ¡no veo qué necesidad tendría de adularte!


Leyenda de China.

viernes, 29 de marzo de 2013

EL PERRO CALLEJERO.



Se trataba de un perro callejero.
Le gustaba curiosear todos los rincones e ir de aquí para allá. Siempre había sido un vagabundo y disfrutaba mucho con su forma de vida. Pero en una ocasión penetró en un palacio cuyas paredes estaban recubiertas de espejos. El perro entró corriendo en una de sus acristaladas estancias y al instante vio que innumerables perros corrían hacia él en dirección opuesta a la suya. Aterrado, se volvió hacia la derecha para tratar de huir, pero entonces comprobó que también había gran número de perros en esa dirección. Se volvió hacia la izquierda y comenzó a ladrar despavorido. Decenas de perros, por la izquierda, le ladraban amenazantes. Sintió que estaba rodeado de furiosos perros y que no tenía escapatoria. Miró en todas las direcciones y en todas contempló perros enemigos que no dejaban de ladrarle. En ese momento el terror paralizó su corazón y murió víctima de la angustia.

La percepción errónea conduce a la muerte espiritual. Sólo el discernimiento purificado abre una vía hacia el despertar definitivo.


Leyenda de India.

jueves, 28 de marzo de 2013

LA SOPA DE TORTUGA.



Una vez un hombre pescó una tortuga. Deseaba hacer una sopa con ella, pero no quería que alguien pudiera decir que él había dado muerte a un ser viviente. Encendió su fuego e hizo hervir agua en una olla. Colocó una pértiga de bambú encima de la olla a manera de puente y le hizo a la tortuga esta pérfida promesa:
- Si consigues atravesar este puente, te dejaré en libertad.
La tortuga no se dejó engañar por esta trampa. Ella no quería morir. De esa manera, poniendo toda su voluntad, hizo lo imposible: atravesó el puente sin accidentarse.
- ¡Bravo! – dijo el hombre –, pero ahora te ruego que regreses a tu punto de partida para ver mejor como conseguiste hacer esta travesía.


Leyenda de China.

miércoles, 27 de marzo de 2013

EL OSO FEROZ.



El ciervo teme al lobo, el lobo teme al tigre, y el tigre teme al gran oso, que es el más feroz de los animales. Con el cráneo cubierto de espeso pelaje parecido a una greña, caminando sobre sus patas traseras es extraordinariamente fuerte y ataca aun al hombre.
Al sur del Reino de Chu vivía un cazador que con la ayuda de su flauta de bambú, conseguía imitar toda clase de gritos de animales. Armado de un arco y de un pequeño tiesto de greda en cuyo fondo conservaba algunas brazas, se iba a la montaña e imitaba el llamado del ciervo. Creyendo que se trataba de alguno de sus congéneres, los ciervos se acercaban y el cazador los mataba disparándole flechas incendiadas.
Un día, al oír el llamado del ciervo llegó un lobo. El cazador muerto de miedo imitó el rugido del tigre. El lobo huyó pero apareció un tigre. Aterrorizado, el hombre imitó el gruñido del gran oso. El tigre huyó, pero, creyendo encontrar a uno de sus semejantes, un oso enorme apareció. Al encontrar sólo a un hombre, se abalanzó sobre él, lo destrozó y se lo comió.
Aún hoy, aquellos que emplean artificios en vez de contar con sus propias fuerzas terminan siempre por granjearse un destino semejante al del cazador.


Leyenda de China.

martes, 26 de marzo de 2013

LA FORMA DE DECIR LAS COSAS.



Un amaestrador de monos, en el Reino de Song, era muy aficionado a estos animales y mantenía un gran número de ellos. Era capaz de entenderles, y los monos a él. Por supuesto, tenía que apartar una porción de la comida de su familia para dársela a ellos. Pero llegó un día en que no sobraba comida en casa y él quiso disminuir la ración de los monos. Temía, sin embargo, que no estuviesen de acuerdo con esto, y decidió engañarlos.
- Les daré tres castañas cada mañana y cuatro cada tarde – les dijo –. ¿Será suficiente?
Todos los monos se alzaron en señal de protesta.
- Bueno, ¿qué les parece entonces: cuatro en la mañana y tres en la tarde?
Los monos, esta vez, volvieron a ponerse en cuclillas, bastante satisfechos.


Leyenda de China.

lunes, 25 de marzo de 2013

EL CASTIGO DE LOS BUENOS.



Al borde de un camino que conducía a la aldea había una imagen de madera, colocada en un pequeño templo. Un caminante que se vio detenido por un foso lleno de agua, tomó la estatua del dios, la tendió de lado a lado y atravesó el foso sin mojarse. Un momento después pasó otro hombre por ahí y tuvo piedad del dios; lo levantó y volvió a colocarlo sobre su pedestal. Pero la estatua le reprochó el no haberle ofrendado incienso y en castigo le envió un violento dolor de cabeza.
El juez de los infiernos y los demonios que estaban en ese templo le preguntaron respetuosamente:
- Señor, el hombre que lo pisoteó para atravesar el foso no recibió castigo y en cambio al que lo levantó usted le proporcionó un fuerte dolor de cabeza. ¿Por qué?
- ¡Ah! Que no saben ustedes – contestó la divinidad –, ¡que hay castigo sólo para los buenos!

Leyenda de China.

domingo, 24 de marzo de 2013

EL CABALLO MÁS CARO.



Había una vez un rey que estaba dispuesto a pagar mil monedas de oro por un caballo que pudiera correr mucho y rápido sin detenerse. Durante tres años trató en vano de conseguir un corcel semejante.
Entonces alguien le propuso: - Permítame buscar un caballo para Su Majestad.
El rey aceptó.
Después de tres meses, el hombre regresó, habiendo pagado quinientas monedas de oro por la cabeza de un caballo muerto.
El rey estaba furioso.
- ¡Quiero un caballo vivo! – gritó –. ¿Para qué me sirve un caballo muerto? ¿Por qué gastar quinientas monedas de oro en nada?
Pero el hombre dijo: - Si Su Majestad paga quinientas monedas de oro por un caballo muerto, ¿no daría mucho más por uno vivo? 
Cuando la gente lo oiga, sabrá que Su Majestad está realmente dispuesto a pagar por un buen caballo y de inmediato enviarán los mejores.
En efecto: el rey logró comprar tres excelentes caballos, en menos de un año.


Leyenda de China.

sábado, 23 de marzo de 2013

LA ORDEN DEL MONARCA.



Estaban amigablemente departiendo el monarca y uno de sus ministros. El ministro estaba muy interesado por la evolución espiritual y practicaba asiduamente el mantra. Hablaban sobre el tema.

–¿Puedo yo elegir mi propio mantra y tendrá el mismo poder que tiene el que te ha entregado tu mentor? -preguntó el monarca.

–No -aseveró el ministro-. El mantra que proporciona el gurú es más poderoso. –Sinceramente -declaró el rey-, no veo en absoluto ninguna razón para ello. Entonces el ministro se volvió hacia el jefe de la guardia y le ordenó:

–Detengan a su majestad.

El jefe de la guardia no hizo el menor caso de la orden; pero el monarca, indignado ante tal atrevimiento, ordenó:

–¡Detengan a este hombre y encarcélenlo!

El jefe de la guardia mandó a sus hombres prender al ministro. Iba a ser llevado a prisión, cuando dijo:

–Señor, ¿os dais cuenta? Depende de quien proceda la orden.

El mantra que procura un ser evolucionado lleva parte de su energía espiritual.


Leyenda de India.

viernes, 22 de marzo de 2013

DURMIENDO.



Era un pueblo de la India cerca de una ruta principal de comerciantes y viajeros. Acertaba a pasar mucha gente por la localidad. Pero el pueblo se había hecho célebre por un suceso insólito: había un hombre que llevaba ininterrumpidamente dormido más de un cuarto de siglo. Nadie conocía la razón. ¡Qué extraño suceso! La gente que pasaba por el pueblo siempre se detenía a contemplar al durmiente.

¿Pero a qué se debe este fenómeno?

-se preguntaban los visitantes-. En las cercanías de la localidad vivía un eremita. Era un hombre huraño, que pasaba el día en profunda contemplación y no quería ser molestado. Pero había adquirido fama de saber leer los pensamientos ajenos. El alcalde mismo fue a visitarlo y le rogó que fuera a ver al durmiente por si lograba saber la causa de tan largo y profundo sueño. El eremita era muy noble y, a pesar de su aparente adustez, se prestó a tratar

de colaborar en el esclarecimiento del hecho. Fue al pueblo y se sentó junto al durmiente. Se concentró profundamente y empezó a conducir su mente hacia las regiones clarividentes de la conciencia. Introdujo su energía mental en el cerebro del durmiente y se conectó con él. Minutos después, el eremita volvía a su estado ordinario de conciencia. Todo el pueblo se había reunido para escucharlo. Con voz pausada, explicó:

–Amigos. He llegado, sí, hasta la concavidad central del cerebro de este hombre que lleva más de un cuarto de siglo durmiendo. También he penetrado en el tabernáculo de su corazón. He buscado la causa. Y, para vuestra satisfacción, debo deciros que la he hallado. Este hombre sueña de continuo que está despierto y, por tanto, no se propone despertar.

No seas como este hombre, dormido espiritualmente en tanto crees que estás despierto.


Leyenda de India.

jueves, 21 de marzo de 2013

LA IDEA DE LA NO IDEA.



Los maestros chan se sirven de sugerentes paradojas que apuntan la Verdad más allá de la aparente «verdad» relativa.

—Maestro, ¿tengo razón en no tener ideas? —Desecha esa idea.

—Os he dicho —protesta el discípulo— que no tengo ideas, ¿qué podría desechar?

—Naturalmente —explica el maestro— eres libre de seguir con esa idea de la no idea.

Las historias de encuentros entre maestros y discípulos y sus diálogos son muy sugerentes y significativos en China y están cargados de sentido trascendental y a la vez práctico.

—¿Qué práctica es menester seguir con el fin de no caer dentro de una categoría?

—Yo ni siquiera practico la Santa Verdad —responde el maestro.

—En ese caso, ¿a qué categoría perteneces?

—Si la misma Santa Verdad no existe, ¿cómo podrían existir las categorías?

El maestro obliga a sus discípulos a que desarrollen otra manera de percibir.

—¿Qué es la Verdad, maestro?

—Entra.

—No logro entenderlo.

—Sal.

Todavía una interesante paradoja más. —Maestro, ¿qué dirías si viniera a verte sin

nada?

—Arrójalo al suelo.

—Te he dicho que no traería nada. —En ese caso, llévatelo.


Leyenda de China.

miércoles, 20 de marzo de 2013

AUXILIO.



Un hombre se perdió en el desierto. Estaba a punto de perecer de sed cuando aparecieron algunas mujeres que venían en una caravana. El hombre, al borde de la muerte, gritó pidiendo auxilio. Cuando las mujeres se aproximaron a él y lo rodearon, pidió urgentemente agua. Las mujeres empezaron a mirarlo con detenimiento y comenzaron a preguntarse cómo querría el hombre que le sirvieran el agua.

¿Preferiría en copa de cristal o en una taza?, ¿en un recipiente de oro o de plata?, ¿tal vez en una jarra?

Ellas hablaban y hablaban interesándose por el objeto, pero, entretanto, el hombre iba agonizando por la ausencia de agua.

Hay un área de ignorancia en la mente humana que la inclina a lo irrelevante y trivial, obnubilando la conciencia de lo Real.

Leyenda de India. 

martes, 19 de marzo de 2013

RECORDANDO EL PASADO.



Tras diecinueve años de destierro, el príncipe Chonger fue elegido soberano del reino Jin como sucesor del trono. El sueño afanosamente acariciado durante los largos años de exilio se hizo realidad. Dos décadas atrás, a causa de una falsa acusación contra él y los demás príncipes, fue desterrado. Su hermano mayor, el príncipe heredero, fue ejecutado en esos días de pesadilla, acusado de conspiración contra el trono. Pero ahora se había demostrado su inocencia y la de sus hermanos y el rey lo nombró sucesor durante su agonía.

El día que se embarcaron para cruzar el río Amarillo, todos sus seguidores estaban animados ante la perspectiva de un ascenso en su carrera por su lealtad al príncipe heredero durante los largos años del destierro. Anhelaban olvidar el pasado para disfrutar el esplendor del poder y la riqueza.

Cuando todos estaban ya en el barco, el nuevo soberano vio que su intendente general seguía cargando trastos viejos, con el sobrante de la comida, la ropa vieja y remendada y las pobres vasijas desportilladas y se puso a reír a carcajadas.

—Admiro tu constante sentido de ahorro. Gracias a eso, hemos podido sobrevivir estos miserables años. Pero ahora soy rey, y voy a disponer de todo el país. No nos va a faltar nada. ¿Para qué llevas todas estas porquerías al lujoso palacio que vamos a ocupar? ¿Para qué guardas las sobras de las comidas si vamos a nadar en la abundancia? Tíralo todo al río.

Al escucharlo, el veterano encargado de la logística se puso triste, no tanto por el tono satírico de las palabras del monarca, sino por la mentalidad de desquitarse con lujo y despilfarro. Se retiró silenciosamente y, tras un momento de reflexiones, se presentó ante el entusiasmado monarca con un talismán de jade blanco. Estaba resuelto a dimitir.

—Majestad, al cruzar el río Amarillo, pisará el territorio de Jin que va a gobernar eternamente. Hoy es el día más emotivo de mi vida, pero me siento viejo e inútil. Quiero quedarme aquí para el resto de mi vida. Le dejaré este jade blanco como un testimonio de mi lealtad, para que le acompañe en su ilustre reinado.

El monarca quedó totalmente sorprendido. Le preguntó por qué decía eso.

—No lo puedo creer. He podido aguantar el sufrimiento de estos penosos años gracias a tu ayuda y fidelidad. Ahora que vamos a pasarlo bien todos, ¿por qué te niegas a disfrutar de la buena vida del palacio?

El viejo encargado le contestó:

—Si bien he sido algo útil en las penalidades, no serviré para disfrutar del poder y la abundancia, ya que en el palacio sobran cortesanos con talento. Nosotros parecemos la ropa vieja y las sobras de la comida, no creo que nos vaya a necesitar con este cambio en su destino.

En un instante el monarca aprendió la lección más importante de su vida. Se le llenaron de lágrimas los ojos al recordar las penurias del exilio.

—Gracias por tu consejo, mi fiel amigo. He cometido un error. No te vayas. Te voy a necesitar en el futuro.

El barco zarpó para cruzar el río Amarillo. El príncipe Chonger se convertiría en uno de los reyes más austeros de la historia de China.


Leyenda de China.

lunes, 18 de marzo de 2013

LA HUMILDAD DEL ALUMNO.



Zhang Liang era un joven aplicado y modesto. Solía viajar por todo el país en busca de maestros que pudieran enseñarle algo útil. Su sencillez y humildad le ayudaron mucho en ese aprendizaje. Llegó a conocer a unos auténticos talentos que le ampliaron en gran medida su horizonte de conocimientos.

Una vez, en un puente ubicado en las afueras de un pueblo pequeño, vio a un viejo de blanca barba apoyado en la barandilla del viaducto. Al verlo acercarse, el viejo estiró intencionadamente la pierna, dejando caer una zapatilla debajo del puente. Entonces se dirigió a Zhang en tono muy poco amistoso:

—Oye, joven, tráeme la zapatilla.

A Zhang le molestó un tanto la grosería del viejo. Sin embargo, pensando en su edad, aguantó su capricho. Bajó al río y le trajo la zapatilla. Pero el anciano, en vez de agradecerle el favor, tendió la pierna y le pidió que le calzara. Zhang se puso en cuclillas y amablemente le puso la zapatilla.

El viejo se puso a andar sin dar muestras de la mínima gratitud. Zhang se dio cuenta de que el anciano tenía un modo de caminar enérgico, rápido y marcial, lo que revelaba su condición de guerrero excepcional. Lo alcanzó y le rogó que lo aceptara como alumno. El viejo se volvió y le dijo sonriendo:

—Bueno, joven. Ven aquí dentro de cinco días por la mañana.

El joven se alegró sobremanera de encontrar a un nuevo maestro. Esperó con ansiedad cinco días y al sexto se levantó temprano para ir al puente. Al llegar, vio que el viejo ya estaba allí. Se le veía desilusionado.

—Joven, si quedas con un viejo, tienes que llegar antes que él. No hay que hacerle esperar. Ven otra vez al cabo de cinco días.

Tuvo que resignarse y esperó otros cinco largos días. Al sexto, se levantó muy temprano y corrió hacia el puente. Pero el viejo ya estaba allí esperando.

—Otra vez has llegado tarde. Ven por última vez dentro de cinco días. —Diciendo esto, se marchó el viejo.

Zhang tomó la determinación de llegar antes que el viejo la próxima vez. La víspera del día señalado para la entrevista se acostó sin desvestirse. Se levantó apenas hubo dormido un poco, corrió hacia el puente con el cielo todavía lleno de estrellas. Esta vez sí ganó al viejo madrugador.

Esperó un buen rato hasta que se presentó el viejo con una amplia sonrisa en la cara.

—Joven, lo has hecho muy bien. He podido comprobar tu vocación de superación y tu paciencia. Como recompensa a tus sacrificios, te voy a regalar un libro sobre las artes de la guerra. Llévatelo a casa y léelo. Aprenderás mucho de él.

Al cabo de unos años, el modesto joven se convirtió en un famoso estratega militar.


Leyenda de China

domingo, 17 de marzo de 2013

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN.



Wang Hua era un pescador honrado y servicial. Estaba siempre dispuesto a ayudar a la gente necesitada. Un día, después de vender la pesca en el mercado, se encaminó a casa contemplando a un grupo de curiosos en la acera. En el centro del círculo había un viejo gritando en voz alta:

—Estoy a la venta. Me iré con el que me compre. Cómprame, hijo. Seré tu padre. Soy pobre ahora, pero te pagaré. Serás rico y noble.

Los curiosos se reían jocosamente. Algunos niños le tiraban piedras. El pescador se acercó y vio que el viejo estaba harapiento y sucio. Tenía una cara enjuta con los ojos hundidos. Posiblemente no habría comido en todo el día. Sintió compasión por el anciano. Sin vacilar ni un segundo, se dirigió al viejo con una reverencia:

—Padre, seré tu hijo. Ven conmigo a casa.

El padre adoptivo lo examinó durante unos segundos y, sin decir nada, lo siguió, mientras que los curiosos comentaban este peculiar trato con todo tipo de interpretaciones.

Al llegar a casa, el pescador sentó al anciano en el sillón y lo presentó a su mujer y a los niños. Toda la familia lo recibió con cordialidad. La nuera trajo enseguida una palangana llena de agua caliente y una muda de ropa. El mismo pescador lo peinó y le sirvió el té. Los niños lo miraban con ojos sorprendidos, preguntándole mil cosas. Pero el viejo no hizo mención alguna de su vida. Después de la cena, se acostó y concilió el sueño inmediatamente.

Al día siguiente, el pescador regresó a casa con el mejor pescado del día. Aunque la vida de esa gente era bastante austera, eran muy generosos con el viejo desconocido, convertido repentinamente en padre, suegro y abuelo.

Transcurrieron varios meses sin que la bondadosa familia hubiera mostrado ni un ápice de mezquindad. Más bien lo rodearon de cariño. El viejo no les reveló nada de su vida, pero un día entregó a su hijo un lienzo de seda lleno de caracteres:

—Llevo varios meses en tu casa. Estoy conmovido por la hospitalidad con la que me habéis tratado. Pero la gente honesta, generosa y compasiva como sois vosotros, debe ser recompensada en la forma más digna. ¿Te acuerdas lo que dije cuando me encontraste en la calle? Pues no era broma lo que pregonaba. Hoy me voy a marchar. Os voy a dejar este lienzo. Venid a buscarme cuando podáis. Os haré ricos y nobles. La dirección está escrita en la seda.

Una vez dicho esto, el viejo se fue. Como no sabían leer, fueron a buscar al profesor de la escuela, que les dijo que el lienzo fue escrito y firmado por el hermano del Emperador, que había salido del palacio para conocer a la gente.

Confundidos por la sorpresa, con las manos temblando, el matrimonio guardó el lienzo con la ilustre firma y volvió emocionado. Habían creído que era un pobre desamparado, pero resultó ser nada menos que un «Mil Años» (así se les llamaba popularmente a los parientes del Emperador).

Al día siguiente partieron a la búsqueda de su padre adoptivo. Cuando llegaron al Palacio Imperial, el viejo salió con los brazos abiertos riendo amablemente. Su hijo y su nuera, así como los nietos, aturdidos por el lujo y la majestuosidad del palacio, no podían reconocer a su padre adoptivo, ahora vestido con hábitos de seda bordada con hilos de oro y plata. Se pusieron de rodillas. El hermano del Emperador los llevó a comer y los alojó en su confortable residencia. Al cabo de unos días, la familia del pescador se despidió de su padre adoptivo, quien les obsequió con una hacienda, una casa muy amplia y varias docenas de caballos. Además, les concedió un título nobiliario.

Es muy raro que un acto de generosidad desinteresado pueda cambiar nuestra vida en forma radical. Pero sucedió por lo menos una vez en la historia de China.


Leyenda de China.

viernes, 15 de marzo de 2013

LIBERACIÓN.



El rey era un hombre joven sinceramente preocupado por las cuestiones metafísicas. Aspiraba a conquistar la liberación interior y sabía que lograrla requería muchísima motivación y un enorme esfuerzo. Comenzó a preguntarse si una persona necesitaría más de una liberación y, atormentado por esta cuestión, hizo llamar a su maestro.

–Venerable yogui. Hay una cuestión que me inquieta mucho. Incluso me roba el sueño. Yo sé hasta qué punto hay que esforzarse para hallar la Liberación pero me pregunto: ¿Basta con que una persona se libere una vez o son necesarias más liberaciones?

El yogui sólo repuso:

–Mañana, señor, te lo diré al amanecer.

El monarca ni siquiera pudo conciliar el sueño. Estaba ansioso por recibir la respuesta. Los primeros rayos del sol iluminaron su reino. Se incorporó y comenzó a ataviarse. Recordó que tenía que estar presente en una ejecución que iba a llevarse a cabo. Por haber violado y matado a varias mujeres, un hombre había sido condenado a la horca. El juez había anunciado: Este hombre cruel y perverso debería ser ahorcado por cada uno de sus crímenes.

Cuando el rey salió de su cámara, el yogui le estaba esperando.

–Estoy ansioso por conocer tu respuesta -dijo el rey nada más verle.

–La conocerás, señor. Si me permites acompañarte a contemplar la ejecución.

El monarca y el yogui asistieron a la ejecución. El asesino fue ahorcado. Entonces el rey se volvió hacia el yogui y le preguntó:

–¿Cuándo responderás a mi pregunta?

–Ahora mismo, majestad -repuso el yogui-. Ese hombre que acaba de ser ejecutado debería haber sido ahorcado, según el juez, una vez por cada uno de sus crímenes. ¿Podéis acaso ahorcarlo de nuevo?

–Claro que no -afirmó el monarca-. Un hombre ahorcado no puede ser ahorcado de nuevo.

Y el yogui dijo:

–Y un hombre liberado, ¿puede liberarse de nuevo?

Con la Liberación pierdes el ego pero ganas el Todo.


Leyenda de India.

jueves, 14 de marzo de 2013

EL SUEÑO DEL CIERVO.



Un hombre del Reino de Cheng estaba cortando leña en un bosque cuando, de pronto, pasó junto a él un ciervo espantado y lo mató. Temeroso de que otros lo descubrieran, rápidamente hizo una zanja donde lo ocultó con ramas de arbustos. Poco después olvidó el escondrijo y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Camino a su casa contó el suceso a mucha gente como si se hubiera tratado de un sueño. Entre los oyentes hubo uno que decidió buscar al ciervo, y lo encontró; volvió a su casa con tan preciada carga y dijo a su esposa:

- Un leñador soñó que había matado un ciervo y que después no recordaba dónde lo había ocultado. Pero ahora resulta que yo lo encontré. Su sueño tuvo que haber sido realidad.

- Tú eres quién soñó que un leñador había matado un ciervo —dijo la esposa—. ¿Realmente crees que existió ese leñador? Tu sueño se hizo realidad.

- Si encontré al ciervo por un sueño —contestó el marido—, ¿qué caso tiene averiguar cuál de los dos soñó? 

El leñador regresó a su casa sumamente perturbado. Esa noche soñó que el otro había encontrado al ciervo, y a la mañana siguiente fue a disputárselo. Discutieron largo tiempo. Y como no llegaban a ningún acuerdo sobre la pertenencia del ciervo, recurrieron a un juez. El juez dijo al leñador:

- Bien. Primero mataste realmente a un ciervo y creíste que era un sueño. Más tarde lo soñaste y creíste que era realidad. El otro encontró al ciervo y ahora te lo disputa, aunque su mujer piensa que él te soñó... Pero como el ciervo está aquí, lo mejor es que se lo repartan.

El rey de Cheng se enteró de todo lo sucedido y dijo: 

- ¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?


Leyenda de China.

miércoles, 13 de marzo de 2013

DESCONFIANZA.



Al llegar a una edad avanzada, y tras una vida hogareña de alegrías y sufrimientos cotidianos, unos esposos decidieron renunciar a la vida mundana y dedicar el resto de sus existencias a la meditación y a peregrinar a los más sacrosantos santuarios. En una ocasión, de camino a un templo himalayo, el marido vio en el sendero un fabuloso diamante. Con gran rapidez, colocó uno de sus pies sobre la joya para ocultarla, pensando que, si su mujer la veía, tal vez surgiera en ella un sentimiento de codicia que pudiese contaminar su mente y retrasar su evolución mística. Pero la mujer descubrió la estratagema de su marido y con voz ecuánime y apacible comentó:

–Querido, me gustaría saber por qué has renunciado al mundo si todavía haces distinción entre el diamante y el polvo.

Para aquel que se ha establecido en la Realidad, ganancia y pérdida, victoria y derrota, son impostores, porque el que ve con sabiduría no hace distinción entre uno y otro.


Leyenda de India.

martes, 12 de marzo de 2013

LAS DOS MONTAÑAS Y EL VIEJO.




El viejo tonto tenía noventa años y vivía con su familia al pie de dos enormes montañas. De generación en generación, esas montañas les dificultaban la comunicación con los pueblos de alrededor. Tenían que subir y bajarlas para ir al mercado e incluso para ir por agua al riachuelo. Odiaban profundamente esas montañas, pero se sentían incapaces de hacer nada, hasta que un día, el viejo reunió a la familia y le comunicó su voluntad de allanarlas para acortar el camino.

Al día siguiente se pusieron a trabajar todos los miembros de la familia, excavando la tierra y transportándola hacia unos valles profundos. Al cabo de unas semanas, apareció un viejo sabio de barbas blancas y quedó atónito ante tan extraña operación:

—Pero, ¡por Dios! ¿Qué estáis haciendo?

—Queremos remover estas dos montañas que nos estorban —contestó el viejo tonto con naturalidad.

¿No creéis que es una idea insensata, ya que sois tan pocos y las dos montañas son gigantescas?

Es cierto que somos pocos y además ya estoy muy viejo. Sin embargo, tengo hijos y nietos, y ellos tendrán también hijos y nietos. Si bien las dos montañas son altas, no podrán crecer más. Si de generación en generación vamos cavando las montañas sin cesar, llegará un día en que las allanaremos.

Al escucharlo, el viejo sabio se marchó moviendo la cabeza, mientras que el viejo tonto siguió trabajando sin parar con el mismo ánimo que cuando inició la faena. Toda la familia seguía su ejemplo con redoblado esfuerzo.

Transcurrieron unos meses y el Divino se enteró del empeño y la irrevocable decisión del viejo tonto y su familia y, conmovido por la férrea voluntad de esos humildes trabajadores, envió a dos inmortales a remover las montañas.

Una madrugada, cuando despertó el viejo y se preparó para seguir con el rutinario trabajo, se dio cuenta de que las montañas habían desaparecido y frente a sus desconcertados ojos se extendía una amplia llanura.


Leyenda de China. 

lunes, 11 de marzo de 2013

VIRTUD Y EGO.



Bodhidharma alguna vez fue a China, era un místico muy famoso, su nombre era conocido en todo Oriente. Cuando llegó a China, el emperador mismo fue a recibirlo a la frontera y le hizo algunas preguntas  Le pregunto: 

- He hecho muchos templos budistas, miles. ¿qué virtud he ganado?

Si le hubiese preguntado lo mismo a cualquier otro monje budista ordinario, le habría replicado: 

- Señor, has ganado infinita virtud; tienes el cielo absolutamente asegurado, garantizado.

Pero le preguntó a la persona inadecuada. Bodhidharma contestó: 

- ¿Virtud? ¡Ninguna! Por el contrario, has acumulado muchos pecados. 

El Emperador se quedó perplejo, no podía creerlo. Dijo:

- ¿Por qué? ¿Qué estás diciendo? He hecho muchos templos de Buda. He publicado y distribuido los relatos de Buda a millones de personas. Cada día alimento a miles de monjes budistas, ¿y tú dices que acumulado muchos pecados y ningún mérito? ¿Qué quieres decir?

Bodhidharma sentenció: 

- La mera idea de que has acumulado virtud es pecado, está llena de ego. Tienes asegurado el infierno, emperador. Caerás en el séptimo infierno; el primero no será suficiente.


Leyeda de China.

domingo, 10 de marzo de 2013

EL SUCESOR DEL SAMURAI.



Un viejo maestro samurai vio que se acercaba el momento de su muerte y se dijo: 

- Tengo que saber cuál de mis tres hijos es el más digno de seguir con mi obra.

Dispuesto a averiguarlo, colocó un cojín sobre la puerta corredera de la entrada, y llamó a su habitación a su primer hijo. Éste, al entrar, se dio cuenta de que caía algo desde arriba y, desenvainando su espada, partió el cojín en dos mitades.

El maestro, después de preparar de nuevo el escenario, llamó a su segundo hijo. Al entrar, vio caer el cojín y, con un diestro salto, desenvainó su espada partiéndolo en cuatro partes iguales.

El maestro volvió a poner un nuevo cojín sobre la puerta y llamó a su tercer hijo. Al abrir la puerta, también éste vio caer el cojín, pero cogiéndolo, lo puso en el suelo y sentándose sobre él a los pies de su padre preguntó: 

- ¿Qué deseas, padre mío?

Esto le fue suficiente al viejo maestro para decidir quién sería su sucesor.


Leyenda de Japón. 

sábado, 9 de marzo de 2013

LA SERPIENTE EN LA COPA.



Nuestra mente genera sus propias creaciones y luego creemos que son reales. A veces nos llenan de angustia y malestar, la misma angustia y malestar que experimentó Du Shuan, que era el secretario de un magistrado. Con motivo de las fiestas, el magistrado invitó a su casa a su secretario y le ofreció una copa de licor. Un arco que había en la pared se reflejaba en la copa y el secretario creyó que había una serpiente dentro de la misma, pero como no podía desairar al magistrado, sacando fuerzas de flaqueza, aunque aterrorizado, se bebió el contenido de la copa. Luego, se, fue a su casa. Le esperaba una noche terrible. Empezó a sentir la serpiente mordiéndole las entrañas y, por muchos medicamentos que tomó, no pudo eliminar el dolor de estómago que le abatía.

Pasaron unos días. Du Shuan seguía enfermo. El magistrado, extrañado por su ausencia, fue a visitarle.

—¿Qué enfermedad padece?—preguntó.

El secretario repuso:

—Seré sincero, señoría. No sé si es la serpiente que me tragué y no logro evacuarla o simplemente el terror que sentí al tragármela. Pero el caso es que no desaparecen las náuseas y los dolores.

El magistrado volvió a su casa y se puso a reflexionar sobre el tema. La luz se hizo en su mente y mandó traer rápidamente a su secretario. Entonces, en el mismo lugar que días atrás lo hiciera, le ofreció una copa de licor. De nuevo el reflejo del arco parecía una serpiente en la copa del invitado, que, aterrorizado, se echó para detrás como si hubiera visto la cara del mismo diablo.

—Sólo es el reflejo del arco que hay detrás de usted —dijo el magistrado. Su mente, mi fiel amigo, le ha jugado una mala pasada.

Desapareció el espanto y un día después el color había vuelto al rostro de Du Shuan.


Leyenda de China.

viernes, 8 de marzo de 2013

DESINTERÉS.



Tosui fue el maestro zen que rompió con el formalismo monástico y se fue a vivir bajo un puente con unos pordioseros.

Cuando era ya muy viejo, un amigo le procuró una forma de ganarse la vida sin necesidad de mendigar. Enseñó a Tosui cómo recolectar arroz y elaborar vinagre a partir de él, actividad a la que se dedicaría el maestro el resto de su vida.

Cierto día, mientras estaba trabajando, uno de los pordioseros vino a visitarlo y le regaló un retrato de Buda. Tosui lo colgó de la pared de su choza y escribió una nota debajo. La nota decía:

- Señor Buda: ¡Este cuarto es tan estrecho...! Puedo permitirte que te quedes aquí algunos días, pero no vayas a pensar por eso que estoy pidiéndote que me hagas renacer en tu paraíso.


Leyenda de Japón. 

jueves, 7 de marzo de 2013

BUDA Y EL REY MONO.



Cuando el rey de los monos se enteró de dónde moraba el Buda predicando la Enseñanza, corrió hacia él y le dijo:

–Señor, me extraña que siendo yo el rey de los monos no hayáis enviado a alguien a buscarme para conocerme.

Soy el rey de millares de monos.

Tengo un gran poder.

El Buda guardó el noble silencio.

Sonreía. El rey de los monos se mostraba descaradamente arrogante y fatuo.

–No lo dudéis, señor -agregó-, soy el más fuerte, el más rápido, el más resistente y el más diestro. Por eso soy el rey de los monos. Si no lo creéis, ponedme a prueba. No hay nada que no pueda hacer. Si lo deseáis, viajaré al fin del mundo para demostrároslo.

El Buda seguía en silencio, pero escuchándolo con atención. El rey de los monos añadió:

–Ahora mismo partiré hacia el fin del mundo y luego regresaré de nuevo hasta vos. Y partió. Días y días de viaje.

Cruzó mares, desiertos, dunas, bosques, montañas, canales, estepas, lagos, llanuras, valles... Finalmente, llegó a un lugar en el que se encontró con cinco columnas y, allende las mismas, sólo un inmenso abismo. Se dijo a sí mismo: No cabe duda, he aquí el fin del mundo. Entonces dio comienzo al regreso y de nuevo surcó desiertos, dunas, valles... Por fin, llegó de nuevo a su lugar de partida y se encontró frente al Buda.

–Ya me tienes aquí -dijo arrogante-. Habrás comprobado, señor, que soy el más intrépido, hábil, resistente y capacitado. Por este motivo soy el rey indiscutible de los monos. El Buda se limitó a decir:

–Mira dónde te encuentras.

El rey de los monos, estupefacto, se dio entonces plena cuenta de que estaba en medio de la palma de una de las manos del Buda y de que jamás había salido de la misma. Había llegado hasta sus dedos, que tomó como columnas, y más allá sintió el abismo, fuera de la mano del Bienaventurado, que jamás había abandonado.

¿Adónde pueden conducirte tu engreimiento y fatuidad que no sea al abismo?


Leyenda de India.

miércoles, 6 de marzo de 2013

REALIDAD Y FANTASÍA.



Es más fácil perseguir reflejos que confrontar los hechos. El siguiente cuento es muy significativo al respecto. Se trataba de un notable pintor que ejercía su arte para el príncipe de Chi. Un día éste le preguntó:

—¿Cuáles son para usted las cosas más difíciles de pintar? —Perros, caballos y cosas semejantes.

Entonces, el príncipe volvió a preguntar: —¿Y las más fáciles?

—¡Ah!—sonrió el pintor—, los fantasmas, monstruos y cosas similares.

Cuando el príncipe quiso saber la razón, explicó:

—¿Quién no conoce bien a los perros y a los caballos? No es fácil pintarlos con toda fidelidad. Pero los fantasmas y monstruos y cosas parecidas, como nadie los ha visto, son más fáciles de reflejar.


Leyenda de China. 

martes, 5 de marzo de 2013

OBSERVA Y COMPRENDE.



El discípulo llegó hasta el maestro y le dijo:

–Guruji, por favor, te ruego que me impartas una instrucción para aproximarme a la verdad. Tal vez tú dispongas de alguna enseñanza secreta.

Después de mirarle unos instantes, el maestro declaró:

–El gran secreto está en la observación. Nada escapa a una mente observadora y perceptiva. Ella misma se convierte en la enseñanza.

–¿Qué me aconsejas hacer?

–Observa -dijo el gurú-. Siéntate en la playa, a la orilla del mar, y observa cómo el sol se refleja en sus aguas. Permanece observando tanto tiempo como te sea necesario, tanto tiempo como te exija la apertura de tu comprensión.

Durante días, el discípulo se mantuvo en completa observación, sentado a la orilla del mar. Observó el sol reflejándose sobre las aguas del océano, unas veces tranquilas, otras encrespadas. Observó las leves ondulaciones de sus aguas cuando la mar estaba en calma y las olas gigantescas cuando llegaba la tempestad. Observó y observó, atento y ecuánime, meditativo y alerta. Y así, paulatinamente, se fue desarrollando su comprensión.

Su mente comenzó a modificarse y su conciencia a hallar otro modo mucho más rico de percibir.

El discípulo, muy agradecido, regresó junto al maestro.

–¿Has comprendido a través de la observación? -preguntó el maestro.

–Sí -repuso satisfecho el discípulo-. Llevaba años efectuando los ritos, asistiendo a las ceremonias más sagradas, leyendo las escrituras, pero no había comprendido. Unos días de observación me han hecho comprender.

El sol es nuestro ser interior, siempre brillante, autoluminoso, inafectado. Las aguas no le mojan y las olas no le alcanzan; es ajeno a la calma y la tempestad aparentes. Siempre permanece, inalterable, en sí mismo.

-Ésa es una enseñanza sublime -declaró el gurú-, la enseñanza que se desprende del arte de la observación.

Todos los grandes descubrimientos se han derivado de la observación diligente. No hay mayor descubrimiento que el del Ser.

Observa y comprende.

Leyenda de India.

lunes, 4 de marzo de 2013

AVARO HASTA LA MUERTE.



Dicen que había una vez un anciano muy rico, pero también muy avaro. Era un verdadero usurero y prestaba dinero con un interés desmedido. Recaudaba habitualmente sus intereses, viajando de un lado para otro. Como le faltaban las fuerzas, con no poco dolor de su corazón se compró un asno. Para no exponerse a que el asno enfermase o muriese, y así perder lo que había pagado por el mismo, lo utilizaba sólo cuando tenía que desplazarse a considerable distancia. Cierto día tenía que viajar muy lejos y decidió utilizar el asno. Pero el asno no estaba acostumbrado a cargar a su amo y, al poco tiempo de ser montado, comenzó a jadear gravemente. El anciano se asustó. ¡No vaya a ser que me quede sin asno y sin dinero! Descabalgó e incluso le quitó la silla de montar para que el animal se repusiera. Entonces el asno salió de estampida. El anciano, renqueando, trató de seguirlo, penosamente, pues no deseaba tampoco deshacerse de la silla de montar.

Cuando el anciano llego a su casa, lo primero que hizo, sin despojarse siquiera de la silla de montar, fue preguntar por el asno. Sí, había regresado. Así que el anciano, a pesar de estar empapado de sudor y tener una espasmódica respiración, se sintió aliviado.

Ciertamente poco le duró su alivio. Unas horas después su envejecido corazón se detenía, no sin antes haber preguntado a sus sirvientes:

—Pero ¿de verdad que ha regresado el asno?

Leyenda de China.

domingo, 3 de marzo de 2013

LA AVARICIA Y LA GARZA.



El invierno era frío y duro en Japón. La nieve cubría todo el campo con una densa capa blanca y todos estaban en sus casas cobijados por el frío. Un joven volvía a su casa cuando escuchó un ruido desconocido entre la maleza. Era una impresionante garza tirada sobre la nieve gimiendo por el dolor que le producía una herida en su pata. El muchacho vio que tenía una ramita clavada y se la extrajo con mucho cuidado. La garza desapareció en un vuelo rápido.

El joven volvió a su casa donde vivía solitario, pues era tan pobre que nadie quería su compañía. Pero esa noche alguien llamó a su puerta y abrió pensando que era alguien que se había equivocado. Al abrir se sorprendió de encontrar a una mujer joven y bonita que se había perdido en la nieve. Él la ofreció su casa para pasar la noche y ella aceptó. Se quedó allí durante unos días y llegó el amor. Serían pobres pero estarían siempre juntos.

El siguiente invierno fue mucho más duro. Sin dinero y sin comida la joven esposa decidió fabricar un telar para poder tejer y vender las telas en el pueblo. Cuando lo tuvo, le hizo prometer a su marido que nunca entraría en el cuarto cuando ella estuviese tejiendo. Durante una semana trabajó sin parar y sin salir de su habitación. Al salir mostró unas telas muy hermosas que él vendió a buen precio. Cuando se acabó el dinero ella volvió a repetir la operación, se encerró con el telar durante otra semana fabricando un tejido tan maravilloso que consiguieron dinero para varios años.

Pero la avaricia se apoderó del marido y quiso ser cada vez más rico y obligó a su joven esposa a encerrarse para conseguir más tela y más dinero. Mientras esperaba a que saliera su mujer, la curiosidad se fue haciendo cada vez más grande pues quería incluso trabajar él para fabricar más tela. Decidido, abrió la puerta y encontró a la garza que él había asistido años atrás, tejiendo coloridas alfombras con las plumas de sus alas.

El joven creyó enloquecer cuando el ave dejó de trabajar para convertirse en su querida esposa. Ella le contó la realidad, ella era la garza a la que él asistió una noche de invierno y que, por agradecimiento, se convirtió en mujer para evitar sus dos gran des preocupaciones. Desde que ella había llegado nunca había estado solo y nunca le había faltado el dinero. Ella lo había elegido por su generosidad pero al demostrar su lado más avaro se veía obligada a abandonarlo. Él rogó para que no se marchara, imploró que su amor era más importante que el dinero pero el fin llegó. Antes de que el joven dejase de hablar ella se había convertido de nuevo en garza para salir volando y desaparecer en el cielo infinito.


Leyenda de Japón. 

sábado, 2 de marzo de 2013

EL PESCADOR SABIO.



En Japón, un joven samurái se dedicaba a prestar dinero y a vivir de la usura amedrentando a los malos pagadores, sin importarle nada la vida de nadie. Uno de los endeudados era un pescador a quien visitó para recuperar su dinero. El pobre pescador huyó aterrorizado del genio del samurái pues no tenía dinero para saldar su deuda. Horas y horas anduvo el usurero buscando a su presa, hasta que lo encontró escondido en la maleza.

Al verlo asustado él se hizo más grande y bravucón, enfadado por no recuperar su dinero. El pescador quiso decir unas palabras antes de morir y el samurái le dio esa oportunidad. El pescador comentó que estaba estudiando filosofía y que su frase preferida era: "Si alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano". El guerrero quedó impactado por las diferentes lecturas que podía hacer de dicha frase. Le recomendó al pescador que siguiera estudiando pues le daba un año más para conseguir el dinero.

Cuando el samurái volvió a su casa por la noche, agotado y deseoso de ver a su esposa, vio que había luz en su habitación. Entró silencioso y vio a su esposa acostada con alguien a su lado. Pensó que era otro guerrero y sacó su espada sin hacer ruido con intención de deshacerse del amante de su mujer. Pero le vinieron a la cabeza las palabras del pescador: "Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza restringe tu mano". Así que decidió cambiar de técnica e hizo como que entraba de nuevo en la casa y dijo en voz alta que; había llegado. Su mujer se levantó, contenta del regreso de su marido, para saludarlo y recibirlo. Se había acostado vestida de samurái pues tenía miedo de los desconocidos mientras él no estaba en casa.

Al año siguiente el samurái fue a casa del pescador, quien lo estaba esperando para darle lo que le debía más intereses; pero el samurái le dijo al pescador que no le debía nada.


Leyenda de Japón.

viernes, 1 de marzo de 2013

LA BONDAD Y LA MALDAD.



Cuentan que en tiempos remotos vivió en Japón un matrimonio de ancianos cuya cualidad principal era la bondad. El hombre trabajaba su huerto acompañado siempre de su fiel perro. Un día le oyó ladrar mientras que excavaba la tierra con sus patas. Después de remover la tierra el viejo encontró un cofre que con tenía oro y joyas en abundancia. Cuando llegó a casa lo habló con su mujer y ambos decidieron que lo mejor era repartir una parte entre los pobres y el resto invertirlo en tierras de cultivo.

Poco conocían a sus avaros vecinos, otro matrimonio de ancianos, que casi mueren de envidia al enterarse de la suerte de los vecinos. Estos fueron al día siguiente y robaron el perro, pues ellos también querían un tesoro. Se lo llevaron ofreciéndole carne para atraparlo. Pero el perro desconfió en todo momento; no comió ni se movió. El vecino enfurecido golpeó al perro hasta matarlo. Cuando el dueño del can se enteró lloró la muerte de su perro, recogió sus restos y los quemó, dándole una hermosa despedida. Sobre su tumba plantó un pequeño pino que creció rápidamente y se convirtió en un corpulento árbol.

Pasado un tiempo, el perro se aparecía a su dueño en sueños y le sugería cortar el pino de su tumba para hacer con él una mesita donde limpiar el arroz. El viejo le hizo caso y cuando golpeaba el arroz para limpiarlo, éste se convertía en granos de oro. El vecino, que andaba siempre rondando por allí, le pidió prestada la mesita. El anciano bondadoso no supo decir que no pero cuando el vecino comenzó a golpear el arroz lo único que hacía era resquebrajarlo. Iracundo, hizo con la mesa lo mismo que hizo con el perro, molerla a palos.

Volvieron las apariciones del fiel perro y en esta ocasión le dijo al anciano que recogiese las astillas de la mesa mágica y las esparciera sobre un árbol seco pues éste florecería al momento. El viejo siguió sus consejos. Recogió las astillas y las lanzó hacia un árbol viejo y desvencijado. En el acto se convirtió en un árbol florido y hermoso. Marchó por los pueblos enseñando a las gentes el prodigio de ver florecer los árboles en invierno y así poder olvidar a sus malvados vecinos.

Cuando el emperador se enteró quiso verlo con sus propios ojos y cuando recibió la visita de nuestros ancianos bondadosos, se quedó muy sorprendido al ver cómo florecían los árboles en invierno. El vecino malo, al saberlo, le robó los restos de astillas que el viejo había dejado en su casa y fue anunciando que él también era capaz de hacer revivir los árboles secos. El emperador quiso ver si realmente alguien podía repetir el prodigio antes visto pero el viejo avaro cuando soltaba las astillas no sólo el árbol no revivía, sino que se fueron a clavar en la cara del mismísimo emperador. El monarca enfureció y mandó cortarle la cabeza. Pero el matrimonio bondadoso habló al emperador para pedirle clemencia. Éste aceptó y los ancianos se comprometieron a enseñarles el buen camino.

Leyenda de Japón.

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