jueves, 28 de febrero de 2013

SEIS DIOSES, CINCO SOMBREROS.



Cuenta la leyenda que, en Japón existía una pareja de ancianos que vivía humildemente de fabricar sombreros de paja. Tenían tan poco dinero que no les alcanzaba ni para comprar las albóndigas de arroz con las que se celebra el Año Nuevo en Japón. El abuelo decidió ir al pueblo y vender cinco sombreros de paja para intentar cumplir con la tradición.

El anciano tuvo mala suerte y, al finalizar el día, retomó a su casa con los cinco sombreros y muerto de tristeza por no poder dar a su mujer el dinero necesario para una buena cena. En el trayecto comenzó a nevar fuertemente y entre las sombras descubrió seis jizos (representaciones en piedra de los dioses) con las cabezas cubiertas de nieve y las caras repletas de carámbanos. El viejo, que era muy bondadoso, pensó que debían tener frío y les quitó la nieve y les puso los cinco sombreros de paja que no pudo vender aun sabiendo que así tendrían frío. El sexto lo abrigó con su propio sombrero, pues pensó que ya estaba cerca de casa.

Llegó empapado a casa y, entre sollozos, contó a su mujer lo ocurrido. Ella lo consoló, lo secó, lo calentó y disfrutó pensando en la bondad de su esposo. Ambos se sentaron junto al fuego y cenaron lo único que tenían, arroz blanco. Luego marcharon a la cama como cualquier noche pero gratificados por su amor. Ya estaban dormidos cuando escucharon una música desconocida pero muy melodiosa cerca de la casa. Después se sobresaltaron por el jaleo que provenía de su puerta. Se asomaron y allí encontraron vino, albóndigas de arroz, mantas y quimonos calientes mientras los seis jizos se marchaban despidiéndose con los sombreros de paja.


Leyenda de Japón. 

miércoles, 27 de febrero de 2013

LA MONTAÑA DE LOS ANCIANOS.



Esta es una historia que sucedió hace mucho tiempo en Japón. Una madre y un hijo vivían feliz mente, hasta que un día, el señor feudal, dio el aviso de que todos los viejos deberían marchar a "la montaña de los Ancianos", pues eran un estorbo para todos los demás.

El joven se indignó y se entristeció con la noticia y no quería despedir a su madre de esa manera pero la mujer no quería complicaciones para su hijo y le pidió que la llevara cargada sobre su espalda. Comenzaron la ascensión hacia la montaña y durante el viaje, la madre le pedía al hijo que le recogiera las hermosas flores que había en el camino, luego ella las iba tirando para que el muchacho no perdiese el rastro en la vuelta. Pero el joven no se pudo contener y se marchó corriendo hacia su casa para esconder a su madre en un baúl antiguo.

Otro aviso del señor feudal informaba que iba a poner a prueba el ingenio de todos sus habitantes. Mostró una pelota con dos agujeros, y les pidió que pensarán cómo podían pasar un hilo a través de los dos agujeros sin tocar la pelota. Quien no lo consiguiese se quedaría sin tierras. El joven volvió a su casa y le contó todo a su madre. Ella le pidió que le buscara una hormiga. Debía atar un hilo a ésta, meterla en un agujero de la pelota y luego poner un poco de miel en el otro agujero, así la hormiga caminaría de un agujero a otro para así comerse la miel. El hijo hizo lo que su madre le indicó y pasó la prueba del señor feudal. Gracias a la madre no perdieron las tierras.

Otro comunicado anunciaba una nueva prueba de ingenio, esta vez tenían que hacer una cuerda de cenizas, si no lo conseguían, perderían sus campos. Las esperanzas del pueblo estaban puestas en el joven. La madre le pidió esta vez una soga y le dijo que la pasara con mucho cuidado por el fuego, al terminar la soga quedó hecha de cenizas. El oficial que daba los avisos, estaba observando por la ventana de la casa, entró y los sorprendió a ambos. La madre dijo que en realidad todo fue su culpa pero el oficial les comunicó que ambos pagarían por no haber obedecido al señor feudal. El muchacho le dice al oficial que éste estaba equivocado, que los ancianos no son un estorbo, que por el contrario, la prueba de la pelota la pasaron gracias a su madre y que gracias a ella pudo hacer una cuerda de cenizas tal y como lo había ordenado el señor feudal.

El joven se enojó e insultó al señor feudal por haber enviado a sus padres a la montaña. Después, más tranquilo, pidió perdón al oficial por sus palabras. Este perdonó a su madre e hijo y pensó que no podía castigar a personas que habían demostrado tener tal ingenio, tanto por la prueba de la cuerda, como por la de la hormiga. Por este motivo, habló con el señor feudal para que recapacitase sobre la idea de que los ancianos en realidad no estorban y aportan la sabiduría aprendida por sus años de experiencia. Así, de esta forma, consiguieron que el señor feudal anulara tal mandato y ordenara regresar a todos los ancianos que estaban en la montaña.

Leyenda de Japón.

martes, 26 de febrero de 2013

EL PRODIGIO.



Un funcionario de Pekín contó esta historia que se hizo muy popular.

Cuando trabajaba en la capital, volvía a mi pueblo natal a visitar a mis padres cada dos o tres años. Era un viaje largo y penoso de un mes entero por el Gran Canal, a través de casi dos mil kilómetros. En las reuniones con la familia, me contaban muchas cosas interesantes del pueblo, de la prosperidad o decadencia de las grandes familias, de los casamientos de mis amigos de infancia, del cambio de costumbres y del mantenimiento de las tradiciones milenarias. Una de las cosas que me maravillaron fue el caso de un niño superdotado.

Se llamaba Zhong Yong y tenía siete años. Sus padres eran analfabetos sin ninguna preparación cultural, como la mayoría de los campesinos. La pequeña parcela de tierra que cultivaban les permitía una vida sencilla, sin mucha holgura. Sucedió que cuando su hijo, que no había demostrado ningún prodigio, empezó a pedirles que le enseñaran a leer cuando apenas tenía cuatro años, en su casa el único libro que había era el Calendario Lunar, con las recomendaciones y prohibiciones de cada uno de los días del año. Al principio pensaban que era un capricho infantil pasajero. Pero como el niño les pedía llorando todos los días que le enseñaran a leer, se vieron obligados a pedir auxilio a un hermano suyo que vivía al lado para que le enseñara algo. Pidieron prestados unos libros de poesía y otros de historia para salir del paso. No eran adecuados para un niño de cuatro años, pero algo les servía para tranquilizar al muchacho.

Para su gran sorpresa, vieron cómo a fuerza de memoria el niño lo aprendía todo con mucha facilidad. A los pocos meses dominaba ya una buena cantidad de caracteres chinos y empezaba a escribir versos con una rítmica correcta. A los cinco años podía recitar muchos poemas antiguos, incluso componía poemas cortos él mismo. Asombrados por el prodigio del infante, lo llevaron a un señor ilustrado, quien quedó totalmente sorprendido por la inteligencia precoz del niño. Sugirió que lo llevaran a un buen colegio para desarrollar su capacidad intelectual. Al despedirse les regaló una docena de libros y unas monedas de plata. El padre guardó con gran alegría el inesperado regalo y regresaron muy contentos a casa.

No podían seguir el consejo del letrado, ya que la austeridad de su economía no permitía tal lujo. Además, pensaba su padre, si el niño podía aprender prácticamente solo con un resultado totalmente satisfactorio, ¿por qué mandarlo a la escuela? Alentado por el buen resultado de la primera experiencia, el padre lo llevó a los parientes y amigos para mostrar los prodigios del niño. El comportamiento del muchacho no podía ser mejor. Podía componer un poema sobre cualquier tema que le indicaran. Además, la rapidez con que lo hacía era sorprendente. Tanto la imaginación y la rítmica, como el repertorio lingüístico del niño, dejaban perplejos a los oyentes. Los recitales siempre terminaban en encendidos elogios y generosa donación en especies o en metálico. El mismo alcalde del pueblo lo recibió un día para premiarlo y alentarlo en el esfuerzo de ensalzar el pueblo. El padre nunca había esperado que el talento de su hijo le pudiera traer inesperadamente la fama y un notable ingreso, suficiente para mejorar sustancialmente la economía familiar.

En víspera de mi partida, pude admirar en un recital público la fantástica memoria del niño recitando páginas enteras de los Anales de Primavera y Otoño, componiendo algunos poema espontáneamente con una inspiración poco usual en un joven de tan corta edad. Emocionado, me fui del pueblo con la esperanza de encontrarlo a mi vuelta con progresos más sorprendentes.

Dos años más tarde, volví otra vez a mi pueblo. Una de mis primeras preguntas fue:

—¿Qué tal marcha el niño prodigio? Contadme algo de él.

No se animaron mucho por el tema, más bien se aburrían. Y para mi sorpresa me dijeron:

—Su padre lo está explotando. No lo ha enviado a la escuela. El pobre chico no ha avanzado nada. Repite siempre lo mismo. Pero su padre no se cansa de llevarlo a los parientes y amigos, que ya han perdido todo interés por el asunto. El alcalde siempre ha rechazado recibirlos de nuevo. Ahora nadie le da nada. Los recitales de la calle se convierten en monólogos de mendicidad sin ningún espectador.

Una gran desilusión me desolaba el corazón. Lamenté que el niño no pudiera ir al colegio para recibir una preparación adecuada. El joven parecía como esas estrellas que antes de alcanzar pleno esplendor han empezado a apagarse por falta de una oportunidad para fomentar sus cualidades.

Al día siguiente salí a la calle para dar una vuelta, y allí lo encontré dando un recital con una ausencia total de público. Los versos que componía eran desgastados, carentes de inspiración alguna. Repetía una y otra vez lo mismo de hacía dos años. Le di una moneda de plata que su padre se apresuró a guardar ávidamente. Probablemente hacía meses que no recibía nada. Sentí una profunda desolación en el alma por la decadencia de un prodigio que podría haberse convertido en el talento del imperio.

Esa vez me fui del pueblo con el espíritu abatido. Cuando tres años más tarde volví a encontrar la vida estática de la provincia sureña, ni siquiera oí hablar del prodigio infantil. Ese niño que había mostrado dotes maravillosos a los cinco o seis años, decayó totalmente. No se veía ni rastro suyo en las calles. Ayudaba a su padre a cultivar la tierra de sol a sol. Por la tarde, cuando volvía a casa muerto de cansancio, se acostaba enseguida tras engañar el estómago con una cena somera. Nunca volvió a tocar libro alguno. Lo que aprendió en su infancia lo olvidó casi por completo. Tampoco tenía inspiración alguna para escribir poemas porque las labores del campo eran monótonas y muy poco inspiradoras.

Si naces con unas buenas dotes intelectuales, no desperdicies tu condición privilegiada. Lucha por desarrollar tu inteligencia. De lo contrario, te enterrará el polvo.


Leyenda de China.

lunes, 25 de febrero de 2013

EL BUSCADOR DE LA VERDAD.



Se había despertado en él el ansia de hallar la verdad, una realidad más allá de la realidad aparente. Había perdido todo interés por su trabajo, su familia y sus relaciones sociales. La vida se había convertido en un sinsentido. Se preguntaba por lo esencial de lo esencial, el núcleo del núcleo, el origen del origen. Atormentando y anhelante porque alguien con la visión esclarecida le reportase instrucciones espirituales para encontrar la serenidad tan deseada, se despidió de su esposa, hijos y amigos, y partió de viaje.

Rastreando como un sabueso hambriento, viajó por la inmensa China a la búsqueda de un maestro que pudiera proporcionarle claves precisas y métodos válidos para recorrer la senda hacia lo Incondicionado. Oyó hablar de un maestro mayor que toda su vida se había entregado a la autorrealización y viajó hasta donde el venerable maestro se encontraba.

—Señor —dijo el recién llegado. Mi corazón está en penumbra y mi mente en sombras, ¿puedes darme instrucción espiritual? He viajado por todo el país y llevo muchos meses de un lado para otro buscando el maestro.

—¿Y has perdido tanto tiempo y energía, tanto esfuerzo inútil? —repuso el maestro ante la decepción del que fuera hombre de hogar.

—Pero, señor... —balbuceó.

—¿Tan oscura está tu mente, mi buen amigo, que dejas un tesoro fabuloso en tu casa y te dedicas a dar vueltas de aquí para allá, de espaldas a lo más hermoso que tienes? Nada puedo entregarte que no puedas conseguir en tu vida cotidiana; no te dejes embaucar por los juegos de ilusión de la mente, que nos escamotea la realidad tal cual es. No es dejando tu vida cotidiana como la hallarás, sino despojándote de los engaños de tu mente. Nada tengo que enseñarte. Nada tengo que mostrarte. Ninguna disciplina tengo que darte. Deja de dar vueltas de aquí para allá, vuelve a tu casa y realiza allí tu trabajo hacia fuera y hacia dentro.


Leyenda de China.

sábado, 23 de febrero de 2013

RESPONSABILIDAD.



Era una niña de ojos grandes como lunas, con la sonrisa suave del amanecer. Huérfana siempre desde que ella recordara, se había asociado a un acróbata con el que recorría, de aquí para allá, los pueblos hospitalarios de la India. Ambos se habían especializado en un número circense que consistía en que la niña trepaba por un largo palo que el hombre sostenía sobre sus hombros. La prueba no estaba ni mucho menos exenta de riesgos

Por eso, el hombre le indicó a la niña:

-Amiguita, para evitar que pueda ocurrirnos un accidente, lo mejor será que, mientras hacemos nuestro número, yo me ocupe de lo que tú estás haciendo y tú de lo que estoy haciendo yo. De ese modo no correremos peligro, pequeña.

Pero la niña, clavando sus ojos enormes y expresivos en los de su compañero, replicó:

-No, Babu, eso no es lo acertado. Yo me ocuparé de mí y tú te ocuparás de ti, y así, estando cada uno muy pendiente de lo que uno mismo hace, evitaremos cualquier accidente.


Leyenda de India.

viernes, 22 de febrero de 2013

EL GURÚ Y LA LLUVIA.



Las lluvias monzónicas habían llegado a la India. Era un día oscuro y llovía torrencialmente. Un discípulo corría para protegerse de la lluvia cuando lo vio su maestro y le increpó:

-Pero, ¿cómo te atreves a huir de la generosidad del Divino?, ¿por qué osas refugiarte del líquido celestial? Eres un aspirante espiritual y como tal deberías tener muy en cuenta que la lluvia es un precioso obsequio para toda la humanidad.

El discípulo no pudo por menos que sentirse profundamente avergonzado.

Comenzó a caminar muy lentamente, calándose hasta los huesos, hasta que al final llegó a su casa. Por culpa de la lluvia cogió un persistente resfriado.

Transcurrieron los días. Una mañana estaba el discípulo sentado en el balcón de su casa leyendo las escrituras. Levantó un momento los ojos y vio a su gurú corriendo tanto como sus piernas se lo permitían, a fin de llegar a algún lugar que lo protegiera de la lluvia.

-Maestro -le dijo-, ¿por qué huyes de las bendiciones divinas? ¿No eres tú ahora el que desprecias el obsequio divino? ¿Acaso no estás huyendo del agua celestial?

Y el gurú repuso:

-¡Oh, ignorante e insensato! ¿No tienes ojos para ver que lo que no quiero es profanarla con los pies?


Leyenda de India.

jueves, 21 de febrero de 2013

EL PUNTO DE VISTA DEL PRESO.



Era un hombre que había sido encarcelado. A través de un ventanuco enrejado que había en su celda gustaba de mirar al exterior. Todos los días se asomaba al ventanuco, y, cada vez que veía pasar a alguien al otro lado de las rejas, estallaba en sonoras e irrefrenables carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Un día ya no pudo por menos que preguntar al preso:

-Oye, hombre, ¿a qué vienen todas esas risotadas día tras día?

Y el preso contestó:

-¿Cómo que de qué me río? ¡Pero estás ciego! Me río de todos esos que hay ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?


Leyenda de India.

LA SED.



Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

-¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

-¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!


Leyenda de India.

miércoles, 20 de febrero de 2013

EL CONTRABANDO.



Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre por ello. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechando que contrabandeaba, no lograban obtener ninguna prueba de ello.

Transcurrieron los años y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo de la India. Un día, uno de los guardias que acertó a pasar por allí se lo encontró y le dijo:

-Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Quiero pedirte un favor. Dime ahora, amigo, ¿qué contrabandeabas?

Y el hombre repuso:

-Burros.



Leyenda de India.

martes, 19 de febrero de 2013

LA VERDADERA NATURALEZA.



Al atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz y poco después murió. El cachorro creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas, y como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño.

Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.

Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó. Se quedó estupefacto cuando comprobó que entre las ovejas había un tigre que se comportaba como una oveja más. No pudo por menos que decirle:

-Oye, ¿por qué te comportas como una oveja, si tú eres un tigre?

Pero el tigre-oveja baló asustado.

Entonces el tigre lo condujo ante un lago y le mostró su propia imagen.

Pero el tigre-oveja seguía creyéndose una oveja, hasta tal punto que cuando el tigre recién llegado le dio un trozo de carne ni siquiera quiso probarla.

-Pruébala -le ordenó el tigre.

Asustado, sin dejar de balar, el tigre-oveja probó la carne. En ese momento la carne cruda desató sus instintos de tigre y reconoció de golpe su verdadera y propia naturaleza.


Leyenda de India.

LA CAÑA DE BAMBÚ.



Existía un próspero reino en el norte de la India. Su monarca había alcanzado ya una edad avanzada. Un día hizo llamar a un yogui que vivía dedicado a la meditación profunda en el bosque y dijo:

-Hombre piadoso, tu rey quiere que tomes esta caña de bambú y que recorras todo el reino con ella. Te diré lo que debes hacer. Viajarás sin descanso de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de aldea en aldea. Cuando encuentres a una persona que consideres la más tonta, deberás entregarle esta caña.

-Aunque no reconozca otro rey que mi verdadero yo interior, señor, habré de hacer lo que me dices por complacerte. Me pondré en camino enseguida.

El yogui cogió la caña que le había dado el monarca y partió raudo. Viajó sin descanso, llegando sus pies a todos los caminos de la India. Recorrió muchos lugares y conoció muchas personas, pero no halló ningún ser humano al que considerase el más tonto. Transcurrieron algunos meses y volvió hasta el palacio del rey. Tuvo noticias de que el monarca había enfermado de gravedad y corrió hasta sus aposentos. Los médicos le explicaron al yogui que el rey estaba en la antesala de la muerte y se esperaba un fatal desenlace en minutos. El yogui se aproximó al lecho del moribundo.

Con voz quebrada pero audible, el monarca se lamentaba:

-¡Qué desafortunado soy, qué desafortunado! Toda mi vida acumulando enormes riquezas y, ¿qué haré ahora para llevarlas conmigo? ¡No quiero dejarlas, no quiero dejarlas!

El yogui entregó la caña de bambú al rey.


Leyenda de India. 

lunes, 18 de febrero de 2013

LA SENTENCIA JUSTA.



Tras el fallecimiento de un viejo cortesano, se produjo una violenta disputa por la herencia entre sus dos hijos. Se peleaban por llevarse la mejor parte del patrimonio familiar, en continuos pleitos escandalosos, desde el reparto de los terrenos hasta la división de unos objetos insignificantes, sin la menor consideración del amor fraternal. Por muy equitativo que fuera el reparto, siempre se imaginaban que el otro se llevaba algo más.

Se sometieron al arbitraje del tribunal, sin que el juez pudiera determinar realmente cuál de los dos se había quedado con un poco más de la herencia. Ante la imposibilidad de dictar una sentencia justa, el tribunal relegó el difícil caso al juicio del mismo emperador. Tampoco le fue nada fácil al monarca formular un veredicto para dar fin a la interminable pugna.

En esa situación, el primer ministro Chang se ofreció a resolver el litigio.

Si Su Majestad me concediera autorización, yo podría terminar rápidamente con el caso.

Tras conseguir el permiso real, Chang regresó a su residencia, en donde citó a los dos litigantes.

—¿Habéis dicho la verdad en vuestras acusaciones?

—Sí, señor, es totalmente cierta mi acusación. Los dos se pronunciaron simultáneamente. Dicho esto, el ministro les hizo firmar un documento en el que se reafirmaban en haber dicho la verdad, toda la verdad. No atendió ni un minuto a los argumentos que los dos hermanos habían repetido en tantas ocasiones y directamente dictó la sentencia.

—Considerando que os acusáis mutuamente que el otro se ha quedado con más herencia y sostenéis que es cierto lo que decís, ordeno que os cambiéis vuestras pertenencias hoy mismo, siendo irrevocable la sentencia, cuya ejecución se llevará a cabo hoy mismo.


Leyenda de China. 

domingo, 17 de febrero de 2013

ALCANZAR LA SABIDURÍA.



Era un joven que había decidido seguir la vía de la evolución interior. Acudió a un maestro y le preguntó:

–Guru, ¿qué instrucción debo seguir para hallar la verdad, para alcanzar la más alta sabiduría?

El maestro le dijo:

–He aquí, jovencito, todo lo que yo puedo decirte: todo es el Ser, la Conciencia Pura. De la misma manera que el agua se convierte en hielo, el Ser adopta todas las formas del universo. No hay nada excepto el Ser.

Tú eres el Ser. Reconoce que eres el Ser y habrás alcanzado la verdad, la más alta sabiduría.

El aspirante no se sintió satisfecho. Dijo:

–¿Eso es todo? ¿No puedes decirme algo más?

–Tal es toda mi enseñanza -aseveró el maestro-. No puedo brindarte otra instrucción.

El joven se sentía muy decepcionado, pues esperaba que el maestro le hubiese facilitado una instrucción secreta y algunas técnicas muy especiales, incluso un misterioso mantra.

Pero como realmente era un buscador genuino, aunque todavía muy ignorante, se dirigió a otro maestro y le pidió instrucción mística. Este segundo maestro dijo:

–No dudaré en proporcionártela, pero antes debes servirme durante doce años. Tendrás que trabajar muy duramente en mi ashram (comunidad espiritual). Por cierto, hay un trabajo ahora disponible. Se trata de recoger estiércol de búfalo.

Durante doce años, el joven trabajó en tan ingrata tarea. Por fin llegó el día en que se había cumplido el tiempo establecido por el maestro.

Habían pasado doce años; doce años recogiendo estiércol de búfalo. Se dirigió al maestro y le dijo:

–Maestro, ya no soy tan joven como era. El tiempo ha transcurrido. Han pasado una docena de años. Por favor, entrégame ahora la instrucción.

El maestro sonrió. Parsimoniosa y amorosamente, colocó una de sus manos sobre el hombro del paciente discípulo, que despedía un rancio olor a estiércol. Declaró:

–Toma buena nota. Mi enseñanza es que todo es el Ser. Es el Ser el que se manifiesta en todas las formas del universo. Tú eres el Ser.

Espiritualmente maduro, al punto el discípulo comprendió la enseñanza y obtuvo iluminación. Pero cuando pasaron unos momentos y reaccionó, dijo:

–Me desconcierta, maestro, que tú me hayas dado la misma enseñanza que otro maestro que conocí hace doce años. ¿Por qué habrá sido?

–Simplemente, porque la verdad no cambia en doce años, tu actitud ante ella, sí.

Cuando estás espiritualmente preparado, hasta contemplar una hoja que se desprende del árbol puede abrirte a la verdad.


Leyenda de India.

viernes, 15 de febrero de 2013

LA VERDAD DE BUDA.



Descansaba una vez Buddha bajo a un árbol cercano a un estanque. Cuando vino a el un joven y le pregunto. MAESTRO ¿que debo hacer para encontrar la verdad? -sin responder, el Buddha se le acerco y de un empujón lo arrojo en el estanque, manteniéndole después sumergida la cabeza.

Lucho el joven infructuosamente por liberarse y cuando ya daba muestras de desvanecimiento. El Maestro le permitió salir. Una vez repuesta de la sorpresa, El Buddha le inquirió: Cuando estabas bajo el Agua, ¿pensaste en bellas mujeres?
- NO, dijo el joven.

¿Pensaste en Ricos manjares o en viajes por el mundo? Una vez más la respuesta fue negativa.

Cuando anheles hallar la verdad con la misma vehemencia con que deseabas respirar, agregó el Buddha, cuando tan profundamente lo anheles en tu ALMA, ese día seguro la encontraras.


Leyenda de Oriente.

LA DIGNIDAD DEL EMBAJADOR.



Yan Zi fue nombrado embajador del rey Chi y enviado al vecino reino Chu, cuyo monarca era prepotente y despreciaba a los países más débiles. Sentía bastante hostilidad por el país que representaba el embajador Yan Zi debido a la guerra que habían sostenido durante muchos años. Por lo tanto, cuando le anunciaron la llegada del nuevo embajador, preparó varios planes para humillarlo.

El monarca se puso a reír a carcajadas lleno de satisfacción.

—Ya lo creo. Por lo visto, los habitantes de Chi no son más que unos ladrones. Ja, ja, ja...

Yan Zi no se dejó abrumar por el trato humillantes; con tono tranquilo y voz grave, dijo:

—Los naranjos que crecen al sur del río Yangtsé dan unas frutas jugosas y dulces. Pero, al ser trasplantados aquí en el norte, sus naranjas son incomestibles, porque las condiciones han cambiado totalmente. Los habitantes de Chi son honrados y nunca roban a nadie. Pero, curiosamente, al venir aquí se han habituado a convertirse en ladrones.

El rey Chu se encogió de hombros sin saber qué decir.


Leyenda de China. 

jueves, 14 de febrero de 2013

INJUSTICIA.



Maestro, ¿por qué existe tanta injusticia en el mundo?
Hijo, la injusticia es el reflejo de nuestra ignorancia. Somos injustos porque nos dejamos llevar por valores equivocados, nos seduce la vanidad, el poder, la arrogancia, etc.; y esto nos hace creer que somos superiores, es ahí cuando subestimamos a los demás y somos injustos en nuestras acciones.
A la justicia la respalda la verdad, a la injusticia la ignorancia y la maldad.

Cuento Zen.

miércoles, 13 de febrero de 2013

EL VIEJO PROFESOR.



En un pueblo pequeño vivía un viejo profesor de enseñanza privada. Llevaba muchos años dando clases a los niños. Era aparentemente el hombre más culto del pueblo, pero la verdad es que no sabía gran cosa. Su docencia se limitaba al abecedario y la memorización de algunos fragmentos de los libros antiguos.

Un día murió la madre de un campesino, quien acudió al profesor para pedirle que escribiera una oda fúnebre para el día del entierro, como era costumbre en esa época. El intelectual rural accedió a entregárselo al día siguiente. Era la primera vez que le hacían tal encargo. Desempolvó un libro antiguo guardado en el fondo de una maleta vieja, lo abrió y lo hojeó para buscar algo que le pudiera ser útil. Sin embargo, en todo el libro no encontró más que una oda fúnebre dedicada al padre de una familia. No tuvo más remedio que copiarla al pie de la letra. Al día siguiente, cuando vino el hijo de la difunta, se la entregó sin cobrarle nada.
Al cabo de un rato, el hombre volvió corriendo a buscar al profesor.
—Señor, he enseñado su escrito a un amigo que sabe leer. Me dice que lo ha escrito mal.
El profesor se puso furioso:
—¿Que lo he escrito mal? ¿Cómo es posible? Te aseguro que no lo he escrito mal, porque lo he copiado letra a letra, sin cambiar nada ni perder nada. Enséñale el libro para que lo confronte. Estoy seguro de que no he cometido ni un solo error. El problema es que en tu casa ha fallecido por equivocación tu madre y no tu padre.

Leyenda de China.

LOS DOS CAMINOS.



Yue era un joven campesino chino que solía trabajar muy duro junto a sus hermanos y su padre en el campo que era propiedad de la familia desde la época de sus bisabuelos.
Vivían lejos del poblado, y se turnaban para traer las provisiones necesarias para la numerosa familia, Yue conocía muy bien la zona y la mayor parte de las veces era quien viajaba al pequeño poblado.
Cierta tarde, Yue se dirigió en busca de las provisiones, caminaba tranquilo cuando divisó a lo lejos un camino que nunca había visto. Paró, y desconcertado empezó a pensar como había aparecido aquel camino de la nada. Se acercó y por curiosidad decidió seguirlo para ver a donde lo llevaba.
Después de algunos minutos Yue llegó a un punto donde el camino se dividía en dos, y más desconcertado aún, se sentó a pensar.
No sabía si debía tomar uno de ellos o regresar tras sus pasos, por un lado pensaba en su obligación de ir a buscar las provisiones, por otro sentía gran curiosidad por los misteriosos caminos. Pensó en regresar y volver otro día, ya que podría anochecer y perderse, también temía porque podían aparecer asaltantes de caminos, algún animal salvaje podía atacarlo, etc.
Yue no se decidía y el tiempo pasaba, continuaba sentado esperando que la respuesta llegara en algún momento, pero cayó la noche y Yue fue encontrado por su padre y hermanos que preocupados por su demora decidieron salir a buscarlo. Fue así que Yue regresó sin las provisiones y sin saber a donde lo llevaban los dos caminos.

Siempre aparecerán varios caminos en la vida, no pierdas tiempo; decide si tomas alguno de ellos o continúas en el que ya conoces, pero nunca te sientes a esperar.

Leyenda de China.

martes, 12 de febrero de 2013

EL CONEJO.



Según una leyenda, Buddha en una de sus reencarnaciones fue un conejo que tenía como amigos a un mono, una zorra y una nutria. Un día el Buddha-Conejo propuso a sus amigos que los días de Luna llena buscarían comida extra y se la darían a gente hambrienta. 
El primer día que hubo Luna llena, el mono trajo plátanos, la zorra un cervatillo, y la nutria trajo pescado. Pero el Buddha-Conejo no pudo traer nada, porque lo único que comía era hierba y eso no lo comen los humanos. El Buddha-Conejo se dio cuenta del gran problema en el que se había metido y decidió que ofrecería su carne como comida. Comunicó su decisión al “Rey del cielo”. Cuando llegó el momento, el “Rey del cielo” creó una fogata y el Buddha-Conejo saltó dentro de ella. 
Pero el fuego que había creado el “Rey del cielo” no estaba caliente, el Buddha-Conejo no se quemó. El Buddha-Conejo se quejó de que ese fuego no quemaba y el “Rey del cielo” le dijo “Lo importante es que tuviste buena voluntad y fuiste sincero cumpliendo tu promesa de dar tu propia carne como comida. Tu buena voluntad y tu proeza no serán olvidados”. A continuación, el “Rey del cielo” dibujó un enorme conejo en la superficie de la Luna que recordaría a todas las futuras generaciones la proeza y la buena voluntad del Buddha-Conejo.
En China se cree que en la Luna hay un conejo creando el elixir de la inmortalidad. En Japón se cree que lo que hace el conejo, en vez de crear el elixir de la inmortalidad, es amasar mochi (Dulce de arroz) con un mazo. Este proceso de amasar el mochi se dice en japonés “mochitsuki” (餅つき) que casualmente coincide con la pronunciación en japonés de la palabra “Luna llena” (mochitsuki  望月).


Leyenda China-Japonesa.

lunes, 11 de febrero de 2013

EL EREMITA.



Era un eremita de muy avanzada edad. Sus cabellos eran blancos como la espuma, y su rostro aparecía surcado con las profundas arrugas de más de un siglo de vida. Pero su mente continuaba siendo sagaz y despierta y su cuerpo flexible como un lirio. Sometiéndose a toda suerte de disciplinas y austeridades, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades y desarrollado portentosos poderes psíquicos. Pero, a pesar de ello, no había logrado debilitar su arrogante ego. La muerte no perdona a nadie, y cierto día, Yama, el Señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapase al eremita y lo condujese a su reino. El ermitaño, con su desarrollado poder clarividente, intuyó las intenciones del emisario de la muerte y, experto en el arte de la ubicuidad, proyectó treinta y nueve formas idénticas a la suya. Cuando llegó el emisario de la muerte, contempló, estupefacto, cuarenta cuerpos iguales y, siéndole imposible detectar el cuerpo verdadero, no pudo apresar al astuto eremita y llevárselo consigo. Fracasado el emisario de la muerte, regresó junto a Yama y le expuso lo acontecido.
Yama, el poderoso Señor de la Muerte, se quedó pensativo durante unos instantes. Acercó sus labios al oído del emisario y le dio algunas instrucciones de gran precisión. Una sonrisa asomó en el rostro habitualmente circunspecto del emisario, que se puso seguidamente en marcha hacia donde habitaba el ermitaño. De nuevo, el eremita, con su tercer ojo altamente desarrollado y perceptivo, intuyó que se aproximaba el emisario. En unos instantes, reprodujo el truco al que ya había recurrido anteriormente y recreó treinta y nueve formas idénticas a la suya.
El emisario de la muerte se encontró con cuarenta formas iguales.
Siguiendo las instrucciones de Yama, exclamó:
–Muy bien, pero que muy bien.
! Qué gran proeza!
Y tras un breve silencio, agregó:
–Pero, indudablemente, hay un pequeño fallo.
Entonces el eremita, herido en su orgullo, se apresuró a preguntar:
–¿Cuál?
Y el emisario de la muerte pudo atrapar el cuerpo real del ermitaño y conducirlo sin demora a las tenebrosas esferas de la muerte.

El ego abre el camino hacia la muerte y nos hace vivir de espaldas a la realidad del Ser. Sin ego, eres el que jamás has dejado de ser.


Leyenda de India.

sábado, 9 de febrero de 2013

MIEDO A LA MUERTE.



Maestro, ¿temes a la muerte?
Hijo, ¿por qué debería temer a la muerte?, es parte de nuestra vida, es el final de nuestra existencia terrenal pero no el final de todo. Es un nuevo comienzo en otro plano, en el plano espiritual que desconocemos pero que existe. En realidad, los seres humanos no temen a la muerte, temen a lo desconocido, a lo que viene después.
Para vivir realmente no debes preocuparte o temer a la muerte, preocúpate por encontrar el significado a tu existencia, ayudar a los demás y ser mejor cada día, para que mañana cuando llegue tu hora, sepas que has sido realmente feliz.

Cuento Zen.

viernes, 8 de febrero de 2013

LA SOSPECHA.



Un día, cuando un leñador se preparaba para salir a trabajar, no encontraba su hacha. Buscó por todos los sitios en vano. Trató de recordar dónde la había dejado el día anterior. Únicamente se acordó de que el niño del vecino lo estuvo observando mientras él partía leña en el patio. ¿No habrá sido el chico? Se le ocurrió que el hacha pudiera haber sido robada por el niño. Mientras seguía buscando infructuosamente en las habitaciones, crecía su sospecha. Cuando removió en vano las cosas del patio llegó a confirmar con certeza su conjetura.

—Seguro que ha sido él. Me estuvo observando hasta que terminé el trabajo —pensó. Incluso pudo imaginarse cómo entró el niño sigilosamente en su patio y se llevó el hacha corriendo. justo en ese instante, el presunto ladrón se asomó por la tapia que separaba los dos patios, preguntándole:

—¿Va a cortar leña otra vez?

El leñador lo miró con profundo resentimiento, tratando de interpretar el doble sentido del pequeño diablo.

—Sí. Ojalá pudiera cortar también las manos del ladrón.

Al oír eso, el chico desapareció tras la tapia, de lo que dedujo el leñador que se sintió aludido.

Desde ese momento, el dueño del hacha siempre observaba el comportamiento del niño. Le parecía que su forma de andar sigilosa, su mirada huidiza y su hablar titubeante revelaban indudablemente su culpabilidad y su condición de ladrón. La sospecha creció, se consolidó y se convirtió en una categórica certeza. HA SIDO ÉL. Conforme iba pasando el tiempo, el hombre veía al niño cada vez más como un ladrón y cada vez más encontraba en su comportamiento indicios de haber hurtado su hacha.

Pero, un buen día, por pura casualidad, descubrió su hacha en el sitio menos pensado, dentro del montón de leña cortada.

Se acordó repentinamente que la dejó allí olvidada. A partir de ese momento, el niño le parecía totalmente distinto. Ni en su forma de andar, ni en su mirada, ni en su modo de hablar encontraba nada raro. Era un niño simpático, sincero y completamente normal en su conducta.


Leyenda de China.

jueves, 7 de febrero de 2013

DIFERENCIAS.



Maestro, ¿por qué los seres humanos somos tan diferentes? ¿Y por qué no aceptamos nuestras diferencias?
Hijo, afortunadamente todos somos diferentes; porque somos individuos, cada uno con sus experiencias, formas de pensar, virtudes y defectos. Aún así simpatizamos con otros individuos que comparten nuestros intereses, diversiones, estados de ánimo, etc.
Pero desafortunadamente, las diferencias que nos unen a unos, nos separan de otros. Como individuos nos cuesta aceptar al que es distinto, ya sea por sus ideas, raza, sexo, creencias religiosas, política, condición social y económica, etc.
En Zen, aceptamos al otro tal cual es, porque reconocemos nuestros defectos y valoramos nuestras virtudes, y lo mismo vemos en nuestro semejante. Vivimos y dejamos vivir, sin interferir en ningún aspecto de la vida de los demás.

Cuento Zen.

miércoles, 6 de febrero de 2013

EL MAESTRO EJEMPLAR.



Era un renombrado maestro; uno de esos maestros que corren tras la fama y gustan de acumular más y más discípulos. En una descomunal carpa, reunió a varios cientos de discípulos y seguidores. Se irguió sobre sí mismo, impostó la voz y dijo:
–Amados míos, escuchad la voz del que sabe.
Se hizo un gran silencio. Hubiera podido escucharse el vuelo precipitado de un mosquito.
–Nunca debéis relacionaros con la mujer de otro; nunca. Tampoco debéis jamás beber alcohol, ni alimentaros con carne.

Uno de los asistentes se atrevió a preguntar:
–El otro día, ¿no eras tú el que estabas abrazado a la esposa de Jai?
–Sí, yo era -repuso el maestro.

Entonces, otro oyente preguntó:
–¿No te vi a ti el otro anochecer bebiendo en la taberna?
–Ése era yo -contestó el maestro.

Un tercer hombre interrogó al maestro:
–¿No eras tú el que el otro día comías carne en el mercado?
–Efectivamente -afirmó el maestro. En ese momento todos los asistentes se sintieron indignados y comenzaron a protestar.
–Entonces, ¿por qué nos pides a nosotros que no hagamos lo que tú haces? Y el falso maestro repuso:

–Porque yo enseño, pero no practico.


Si no encuentras un verdadero maestro al que seguir, conviértete tú mismo en maestro. En última instancia, tú eres tu discípulo y tu maestro.

Leyenda de India.

lunes, 4 de febrero de 2013

EL ESFUERZO.



Maestro, ¿qué es el esfuerzo?
Hijo, el esfuerzo no es nada más que la forma de manifestación que tiene tu voluntad para lograr algo.
Cuando te planteas un objetivo, por más pequeño que sea; necesitas voluntad para alcanzarlo, el único camino es el esfuerzo. Siempre deberás sacrificar otros aspectos de tu vida o cosas para lograr tus metas. El esfuerzo se compone de trabajo duro, preparación y estudio, independiente de cual sea tu meta. Si tu fuerza de voluntad es grande y tu esfuerzo la acompaña, nada podrá detenerte en tu camino y la recompensa será aún mayor.

Cuento Zen.

domingo, 3 de febrero de 2013

EL TIGRE HAMBRIENTO Y EL ZORRO.



Un tigre hambriento consiguió atrapar un zorro y se dispuso a devorarlo. Disimulando su terror y sacando fuerzas de flaqueza, el zorro, en su intento por sobrevivir, dijo:

—¡Un momento! ¡ Detente! Te aseguro que yo soy el rey de los animales del bosque. Tal es el mandato del Dios Celestial que nadie puede desobedecer. A pesar de tu mucha fuerza, no podrás hacerme ningún daño, pues, si lo intentaras, serías severamente castigado por el Cielo.

—¡Vaya! —exclamó sorprendido el tigre—. Jamás había oído cosa semejante. ¿Cómo puedes demostrarme que efectivamente eres el rey de los animales del bosque por decreto del Dios Celestial?

—Nada es más fácil que eso —declaró el zorro, aparentando seguridad y arrogancia—. Ahora vamos a dar un paseo por el bosque. Tú sígueme a corta distancia y observa cómo todos los animales huyen de mí.

Componiendo la figura y pisando con firmeza, el zorro comenzó a caminar airosamente, seguido a corta distancia por el tigre. El felino se quedó totalmente perplejo cuando comprobó que los animales salían corriendo al paso del zorro, sin percatarse de que era del feroz tigre y no del inofensivo zorro del que huían.

Leyenda de China.

viernes, 1 de febrero de 2013

LAS ONZAS DE ORO.




Era un profesor que destacaba por su rigor y adusto carácter. Golpeaba con una vara a sus alumnos en cuanto éstos cometían una falta. Cierto día, el severo profesor descubrió a uno de sus alumnos copiando en el examen y le dijo que al día siguiente quería verlo en su despacho para tomar medidas muy serias. El alumno ya sabía muy bien qué clase de medidas iban a ser.
A la mañana siguiente, el alumno llegó tarde a la cita. Se disculpó.
—Perdóneme, profesor. Mi tardanza ha sido debida a que he heredado una buena suma de onzas de oro y estaba haciendo planes de cómo distribuirlas.
—¿Qué vas a hacer con tu fortuna? —inquirió el profesor.
—Lo tengo muy bien planeado. Invertiré una suma en hacerme una casa y amueblarla; otra parte en hacerme con los sirvientes oportunos; también daré una fiesta, y, por supuesto, utilizaré una buena parte para libros y otra para obsequiar con ella al hombre que más me ha enseñado en este mundo: mi profesor.
El profesor se sintió encantado y halagado. Apenas podía creérselo. Su ira se había desvanecido como el rocío al despuntar el sol.
Déjame que te corresponda —dijo el profesor—. Voy a invitarte a una opípara comida.
Comieron hasta hartarse y bebieron hasta emborracharse. En su embriaguez, empero, el precavido profesor preguntó:
—¿Has guardado bien seguras las onzas de oro?
¡Qué fatalidad, profesor! Créame que iba a guardarlas en un lugar muy seguro, cuando mi madre tropezó conmigo y me despertó. Busqué las onzas pero se habían esfumado.


Leyenda de China.

Entrada destacada

EL ARTE DE VIVIR. (EN ESPAÑOL)

Desde aquí podrás descargar gratis y en español el interesante libro: El Arte de Vivir del gran pensador hindú, Jiddu Krishnamurti , en ...