lunes, 5 de agosto de 2013

SEGURIDAD.


Una vez, un maestro de la ceremonia del té, en el viejo Japón, accidentalmente ofendió a un soldado. Se disculpó rápidamente, pero el impetuoso soldado exigió que el asunto fuera resuelto en un duelo de espada.

El maestro del té, que no tenía experiencia con las espadas, pidió consejo a un amigo maestro de Zen quien sí tenía la habilidad. Mientras su amigo le servia, el espadachín Zen que no lo podía ayudar, notó cómo el maestro del té realizaba su arte con perfecta concentración y tranquilidad. “Mañana”, dijo el espadachín Zen, “cuando se enfrente al soldado, sostenga la espada sobre su cabeza, como si estuviera listo para embestir, y dele la cara con la misma concentración y tranquilidad con las cuales usted realiza la ceremonia del té”.

Al día siguiente, a la hora y lugar acordados para el duelo, el maestro del té siguió este consejo. El soldado, alistándose para atacar, miró fijamente durante largo tiempo la cara completamente atenta pero tranquila del maestro del té. Finalmente, el soldado bajó su espada, se disculpó por su arrogancia, y se fue sin que un solo golpe fuera dado.


Leyenda de Japón.

4 comentarios:

  1. Muy interesante ¿Me darías permiso para compartirla en mi página de facebook?

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  2. Tuvo suerte el maestro de té de que el soldado se compadeciese al ver esa cara tranquila y concentrada........no todos son tan compasivos.Saludos

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  3. Por supuesto Felipe, un gusto que compartas esta leyenda con tus lectores. Saludos, Oz.
    CHARO, en realidad yo lo interpreté de otra forma, creo que la seguridad del Maestro fue tanta que amedrantó al soldado, que desistió de enfrentarlo. Saludos, Oz.

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  4. Si un hombre cualquiera de esta época inhalara, por ejemplo, una cantidad de cocaína suficiente para sufrir una sobredosis mortal. Pero lo hiciera poniendo toda su concentración (su presencia) y su tranquilidad en cada aspiración de la sustancia de la misma manera que realiza la ceremonia del te un maestro zen. Los efectos del polvo blanco provocarían el mismo daño que el aroma del te. Te lo comparto por que lo sé de cierto

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