jueves, 4 de abril de 2013

EL CASTIGO DESMEDIDO.



En el antiguo reino Chi la penalización de cualquier delito, por insignificante que fuere, era extremadamente rigurosa: la amputación de un pie. En pocos años, las calles se llenaron de cojos, víctimas de sus propias faltas: pelear con alguien en la calle, faltarle el respeto a un señor o simplemente coger una fruta en un huerto ajeno. La gente estaba aterrorizada por la rigurosidad de la Ley, lo que afligía profundamente a Yan Zi, el consejero estatal.

Un día, el rey le preguntó por qué no quería vivir en el palacio. Yan Zi le contestó:

—Majestad, estoy feliz viviendo en el centro de la capital. Así me entero de lo que piensa la gente y de los precios del mercado.

El Rey mostró vivo interés en el tema, inquiriéndole:

—¿Qué es lo más caro y qué es lo más barato? —Majestad, lo más caro son los pies postizos y lo más barato son los zapatos.

Sorprendido por la respuesta y sin entender la causa, decidió confirmarlo personalmente.

Al día siguiente, vestido de paisano y acompañado de Yan Zi, el monarca salió del Palacio Real e hizo una inspección por las calles comerciales. Allí comprobó efectivamente que abundaban zapaterías con un buen surtido de géneros, que eran bastante baratos. Pero curiosamente había muy escasos compradores. Por el contrario, no encontraron a ningún vendedor de pies postizos con existencias en su almacén. Se acercó el Rey a uno de los vendedores para preguntarle la razón de la ausencia de géneros. El vendedor lo miró con extrañeza, mientras le contestaba:

—¿Pero no sabe usted que amputan a cualquiera por cualquier pecado? Se agotan pronto y al precio que se pongan.

—¡Qué pena! De continuar así las cosas, ¿Quién trabajará la tierra y quién irá a la guerra?

El Consejero fingió sorprenderse mucho y dejó escapar un bien meditado comentario. El Rey se dio cuenta de la gravedad del asunto y sentenció con firmeza:

—A partir de hoy mismo se abolirá la Ley de Amputación.

El Consejero mostró una sonrisa de satisfacción. Todo salió como él había planeado. El día anterior, dispuso que todas las zapaterías tuvieran la totalidad de sus mercaderías y que los vendedores de pies postizos cerraran su negocio, durante un día. Su lucidez y compasión habían conseguido un noble fin.



Leyenda de China.

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