domingo, 3 de marzo de 2013

LA AVARICIA Y LA GARZA.



El invierno era frío y duro en Japón. La nieve cubría todo el campo con una densa capa blanca y todos estaban en sus casas cobijados por el frío. Un joven volvía a su casa cuando escuchó un ruido desconocido entre la maleza. Era una impresionante garza tirada sobre la nieve gimiendo por el dolor que le producía una herida en su pata. El muchacho vio que tenía una ramita clavada y se la extrajo con mucho cuidado. La garza desapareció en un vuelo rápido.

El joven volvió a su casa donde vivía solitario, pues era tan pobre que nadie quería su compañía. Pero esa noche alguien llamó a su puerta y abrió pensando que era alguien que se había equivocado. Al abrir se sorprendió de encontrar a una mujer joven y bonita que se había perdido en la nieve. Él la ofreció su casa para pasar la noche y ella aceptó. Se quedó allí durante unos días y llegó el amor. Serían pobres pero estarían siempre juntos.

El siguiente invierno fue mucho más duro. Sin dinero y sin comida la joven esposa decidió fabricar un telar para poder tejer y vender las telas en el pueblo. Cuando lo tuvo, le hizo prometer a su marido que nunca entraría en el cuarto cuando ella estuviese tejiendo. Durante una semana trabajó sin parar y sin salir de su habitación. Al salir mostró unas telas muy hermosas que él vendió a buen precio. Cuando se acabó el dinero ella volvió a repetir la operación, se encerró con el telar durante otra semana fabricando un tejido tan maravilloso que consiguieron dinero para varios años.

Pero la avaricia se apoderó del marido y quiso ser cada vez más rico y obligó a su joven esposa a encerrarse para conseguir más tela y más dinero. Mientras esperaba a que saliera su mujer, la curiosidad se fue haciendo cada vez más grande pues quería incluso trabajar él para fabricar más tela. Decidido, abrió la puerta y encontró a la garza que él había asistido años atrás, tejiendo coloridas alfombras con las plumas de sus alas.

El joven creyó enloquecer cuando el ave dejó de trabajar para convertirse en su querida esposa. Ella le contó la realidad, ella era la garza a la que él asistió una noche de invierno y que, por agradecimiento, se convirtió en mujer para evitar sus dos gran des preocupaciones. Desde que ella había llegado nunca había estado solo y nunca le había faltado el dinero. Ella lo había elegido por su generosidad pero al demostrar su lado más avaro se veía obligada a abandonarlo. Él rogó para que no se marchara, imploró que su amor era más importante que el dinero pero el fin llegó. Antes de que el joven dejase de hablar ella se había convertido de nuevo en garza para salir volando y desaparecer en el cielo infinito.


Leyenda de Japón. 

1 comentario:

  1. Si es bien sabido que la avaricia rompe el saco, es curioso la cantidad de gente que hay que nunca se conforman con lo que tienen y pudiendo vivir bien no lo hacen por conseguir más y más hasta que el saco acaba rompiéndose y entonces vienen las lamentaciones, cuando ya no hay remedio.Saludos

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