viernes, 8 de enero de 2010

El Respetado Cheng.

En la antigua China, en un pequeño pueblo vivía el joven Cheng, desde su más tierna infancia impulsado por sus padres practicó diversos Estilos de Kung Fu. Su familia descendía de guerreros honorables que habían servido al emperador durante varias generaciones.
Cheng manejaba varias armas tradicionales y dominaba más de un centenar de Kuens (Formas). Pero su principal característica era la fortaleza física, Cheng era muy corpulento y de gran estatura. Dominaba armas muy pesadas con gran facilidad y era temido por la gran potencia que desarrollaba en combate.
Para probar sus habilidades, Cheng aceptaba cualquier desafío contra expertos en Kung Fu, con y sin armas. Pero así como crecía su reputación también lo hacía su confianza. El miedo se confundía con el respeto cuando los pobladores hablaban de Cheng.
Cierto día una nueva escuela se estableció en su pueblo, se decía que el Maestro era un monje de Shaolin que había abandonado el Templo para dedicarse a la meditación y la enseñanza del Kung Fu.
La escuela contaba con pocos practicantes que recién comenzaban bajo la atenta mirada del Maestro que pasaba los 80 años.
Cheng ya no tenía oponentes que lo desafiaran por lo que esperó que algún alumno de la nueva escuela fuera a su encuentro. Nadie lo hizo, por lo que decidió él mismo desafiar a todos los alumnos juntos a un combate.
Los alumnos esperaron la respuesta de su Maestro que, después de reflexionar un poco dijo:
-Yo acepto el desafío, mis alumnos no lucharán contigo; yo lo haré.
Cheng sonrió y le contestó:
-Por respeto a su edad, no combatiré contra usted pero si contra todos sus alumnos.
El Maestro sentenció:
-¿Tienes miedo de ser derrotado por un viejo? Lucharás conmigo, yo soy el Maestro de esta escuela.
Los estudiantes comenzaron a reír y Cheng se sintió insultado, por lo que en un arranque de furia contestó:
-Luchemos entonces, voy a olvidar tu edad y no garantizo que sobrevivas.
El Maestro aceptó.
Ambos adoptaron sus posiciones de combate, Cheng avanzó a gran velocidad y lanzó una potente patada a la cabeza del Maestro. Pero el golpe solamente cortó el aire, a la vez que sentía un fuerte dolor abdominal. Cheng comenzó a marearse, no podía mover el cuerpo y cayó completamente abatido. Desde el suelo vio al Maestro parado frente a él.
Cheng trató de levantarse pero no pudo, el dolor era insoportable por lo que lo único que dijo fue:
-Yo soy Cheng, tu eres solamente un viejo.
El Maestro sonrió y contestó:
-Tienes razón, soy solamente el viejo que te derrotó.

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