viernes, 30 de octubre de 2009

LA LANZA Y EL ESCUDO

En China el término «contradicción» se traduce literalmente como «La lanza y el escudo», porque hay una graciosa historia sobre esta paradoja.
Un vendedor de lanzas y escudos vociferaba en el mercado pregonando sus mercancías:
— ¡Miren qué lanzas traigo! Resistentes y afiladas como ninguna arma. No hay nada que aguante su inigualable filo. ¡No existen lanzas como éstas en ninguna otra parte del mundo!
Algunos curiosos se detenían frente a su puesto para observar las lanzas. Al cabo de un rato, el vendedor volvía a pregonar, y ahora el género que alababa era el escudo.
¡Vamos a ver! ¡Qué resistentes son mis escudos! Tan fuertes como una fortaleza. ¡Defensa segura, infalible! ¡No hay nada que los pueda perforar!
Uno de los curiosos se puso a reír y propuso al vendedor:
Entonces, ¿qué sucedería si tomara usted sus lanzas para atacar a su escudo?
El vendedor se quedó con la palabra en la boca sin saber qué contestar.
Como dicen los grandes maestros, es difícil servir a dos amos a la vez.

miércoles, 21 de octubre de 2009

EL MONJE BODHIDHARMA

Bodhidharma era un personaje sorprendente. En una ocasión se adormeció cuando estaba meditando y para que no volviera a suceder se rasuró los párpados de los ojos. Era un monje adulto e indoblegable. Tuvo un encuentro con el emperador de China, que le manifestó:
—He colaborado intensamente en la difusión de la doctrina del Buda en todo el país —dijo el emperador, jactándose de ello—. ¿Qué méritos he obtenido por hacerlo?
— ¡Absolutamente ninguno! —afirmó el monje. El emperador estaba más que asombrado. Entonces preguntó:
— ¿Cuál es el primer principio de la Doctrina? —Todo está vacío; no existe nada sagrado. Irritado, el emperador interrogó:
— ¿Y quién eres tú para presentarte aquí ante nosotros? Y Bodhidharma repuso:
—No sé.
A pesar de haber difundido la Doctrina, el emperador no sabía que no hay un «yo» para recibir méritos y que si todo está vacío, no hay «nadie» para presentarse ante «nadie».

miércoles, 14 de octubre de 2009

LA HERENCIA DE SHU GUANG

Shu Guang, viejo profesor del príncipe heredero durante muchos años, pidió jubilarse al ver que el primogénito del emperador ya había obtenido una formación cultural bastante sólida. Para agradecer su excelente servicio, el monarca le obsequió con 10 kilos de oro, a los que se sumaron otros 25 que le regaló su alumno, el príncipe heredero.
Volvió entonces el profesor jubilado a su pueblo natal con tan apreciada remuneración. Vinieron a saludarlo parientes, amigos y admiradores, a quienes les agasajaba siempre con suculentas comidas y buenos vinos. Su hospitalidad se difundió por toda la provincia. Acudieron entonces otros conocidos e incluso desconocidos atraídos por la fama del viejo letrado o simplemente por las ganas de saborear sus manjares. Así, al cabo de dos años, se redujo considerablemente su riqueza por los banquetes y regalos. Algunos amigos empezaban a preocuparse, diciéndole:
Conviene que escatimes los enormes gastos. Aunque tuvieras una montaña de oro, se agotaría en pocos años y te quedarías sin nada. ¿Por qué no te compras con ese dinero algún terreno o algunas casas para dejárselos a tus descendientes como herencia?
El viejo profesor sonrió con gratitud y les contestó con lucidez:
—Aunque estoy viejo, no me he olvidado de mis hijos y nietos: miren, tengo una casa suficientemente amplia y un terreno que, si lo cultivan bien, les dará de comer sin problemas. ¿No es suficiente que tengan una vida igual a la de los demás?
Pero deberías adquirir más propiedades para que no les falte nada en el futuro.
Podría comprar más fincas y construirles casas nuevas, pero temo que como lo tienen todo de manera tan fácil se conviertan en unos vagos y holgazanes.
— ¿Por qué?
—El dinero no es todo. La posesión de una desmesurada propiedad puede arruinar la agudeza de los inteligentes y agravar la insensatez de los retardados. Soy consciente de mi incapacidad para educar a mis hijos, pero tampoco quiero incrementar su insensatez. La austeridad es la mejor compañía de la laboriosidad, y ésta es la esencia de la vida.
El viejo siguió gastando su fortuna en convidar a los amigos, conocidos y admiradores. Murió sin dejar herencia. Pero los descendientes prosperaron con sus propios esfuerzos.

lunes, 12 de octubre de 2009

EL DESCANSO


Se trataba de un importante funcionario. Llevaba una vida muy agitada y decidió pasar unos días en el monasterio budista. Fue allí y se instaló en uno de sus aposentos. Durante tres días habló y habló con uno de los bonzos que le resultaba más agradable, pues se trataba de un hombre bonachón, de carácter apacible y bondadoso.
Al tercer día de estancia, al anochecer, el funcionario tomó un buen número de copas de vino y con voz entrecortada se atrevió a recitar un poema que decía:
Al pasar por un monasterio perdido entre los bambúes, me detuve a conversar con el bonzo.
Lejos de mi agitada vida, gocé de un momento de descanso.
Entonces el bonzo comenzó a reír.
— ¿Por qué se ríe de tal manera? —preguntó extrañado el importante funcionario.
—Y el monje repuso:
Porque su momento de descanso me ha costado a mí tres días completos de cansancio.

domingo, 11 de octubre de 2009

LA DIFERENCIA

Si no hay preguntas, no hay respuestas, reza el antiguo adagio. Pero, a menudo, el maestro responde de un modo inesperado para el discípulo, rompiendo así sus viejos patrones y esquemas.
Maestro y discípulo estaban reunidos. El discípulo estaba anhelante por obtener alguna instrucción muy especial, fuera de lo corriente, tal vez algún método secreto o alguna clave oculta. Pero los maestros de la tradición Chan no se pierden en abstracciones.
— ¿Qué es la verdad, maestro?
—La vida de cada día.
—En la vida de cada día —protestó desilusionado el discípulo— sólo se aprecia eso: la vida vulgar y corriente de cada día, pero la verdad no se ve por ningún lado.
—Ahí está la diferencia —replicó el maestro—, en que unos la ven y otros no.

jueves, 8 de octubre de 2009

EL ARTE DE LA CALIGRAFIA


Xian Zhi era hijo del famoso calígrafo Yi Zhi. Cuando su padre trabajaba en el estudio, el pequeño solía contemplar cómo trazaba los ideogramas en el papel de arroz. Con los pinceles chorreando tinta, el artista plasmaba espíritu y personalidad en los papeles. Poco a poco, el hijo también adquirió el hábito de escribir. A los pocos meses progresó tanto que los amigos y vecinos empezaron a alabarlo sin cesar. El pequeño se sentía engreído creyéndose ya un buen calígrafo.
Cierto día escribió una docena de caracteres y se los mostró a su padre, esperando de él un generoso elogio. Después de examinarlo un momento, el famoso calígrafo, que se había dado cuenta de la vanidad de su hijo, no hizo ningún comentario. Cogió el pincel y agregó un pequeño trazo en un ideograma, convirtiéndolo en otro carácter distinto, y le dijo:
Enséñaselo a tu madre, a ver qué dice.
El pequeño fue a buscar a su madre en espera de un juicio alentador.
—Mamá, ¡mira lo que he escrito! Se parece al estilo de mi padre, ¡a que sí!
Aunque la señora no era calígrafa, entendía la técnica de ese arte y solía emitir unas opiniones muy acertadas al respecto. Después de mirar durante un instante la obra de su hijo, le dijo:
—Has progresado, pero te falta mucho para conseguir el brío y la perfección de su caligrafía. En este carácter que has escrito, sólo este trazo se parece mucho a su estilo, y lo demás no tiene nada que ver señaló, poniendo el dedo justo en el trazo que acababa de agregar el calígrafo.
Avergonzado, el niño se dirigió a su padre y le preguntó:
—Después de tantos días de práctica, ¿por qué no he podido dominar aún el secreto de tu arte?
—Es muy sencillo, hijo, ¿ves las tinajas que hay en el patio? Cuando empecé a aprender la caligrafía, me dijeron que había que llenar de agua las dieciocho tinajas. Y el día que se agotara el agua haciendo tinta para los ejercicios, sería un buen calígrafo. Lo hice, por eso escribo mejor.
Sin decir una palabra más, el niño entendió perfectamente. Corrió hacia el patio y durante toda la mañana estuvo trabajando para llenar de agua aquellas enormes tinajas. Se puso a practicar día y noche.
Veinte años después, cuando agotó la última gota del agua, llegó a tal dominio de la caligrafía china que fue consagrado como el «Santo de los Pinceles».

miércoles, 7 de octubre de 2009

LA ESPADA VELOZ.

En el Japón feudal, un experimentado samurai llamado Matsumura entrenaba a un grupo de jóvenes que aprendían el Arte de la Espada.
Dos practicantes avanzados estaban a punto de realizar un combate de demostración, ambos alumnos de Matsumura.
Uno de ellos, pequeño y de constitución física débil se situaba a la derecha, el otro más alto y confiado demostraba calma frente a los presentes.
Los jóvenes estudiantes observaban desde un costado junto a Matsumura. Uno del los jóvenes en voz baja le comentó a otro:
-El pequeño está perdido.
Matsumura los escuchó y les llamó la atención:
-El combate no está decidido, ni siquiera comenzó.
Ambos contendientes enfrentados a una corta distancia comenzaron su duelo con las miradas, uno esperaba el movimiento del otro.
Con las manos en sus espadas, los samuráis no apartaban la mirada uno del otro. El más pequeño parecía nervioso, transpiraba y en sus ojos se reflejaba el miedo. El otro, mantenía fija la mirada, estaba concentrado y su mano permanecía firme tomando la empuñadura de la katana.
Matsumura observaba atento, él conocía a sus alumnos.
Los estudiantes se mantenían inmóviles, sin hablar, atentos al primer movimiento.
De pronto, el más alto desenfundó su katana y en un movimiento rapidísimo lanzó el golpe mortal a la cabeza de su oponente. El golpe cortó el aire en una fracción de segundo pero no llegó al objetivo.
Antes de detenerse en el cuello del más pequeño, el samurai sintió la punta de la hoja de la katana de su contrincante en su garganta.
Matsumura y sus alumnos no vieron el movimiento, nadie advirtió la espada del más pequeño recorrer la distancia desde la funda a la garganta del adversario. Este, al advertir la hoja perdió la concentración y todos pudieron ver como gotas de transpiración caían sobre la espada.
El combate estaba decidido, el pequeño había vencido sin ser visto.
Los estudiantes, impresionados preguntaron a Matsumura:
-¿Cómo lo hizo? No vimos la espada moverse, estaba nervioso…
Matsumura respondió:
-Esa es la velocidad del miedo.

EL RIO CALMO


En una provincia del sur de China entrenaba junto a su Maestro, un prometedor joven practicante de Kung Fu llamado Xiang.
La casa del Maestro estaba frente a un río, conocido como el río calmo. Xiang le preguntó a su Maestro si podía nadar o pescar en el río, el Maestro le contestó:
-Ves la calma del río, no la perturbes.
A lo que Xiang respondió: -Algún día voy a entrar al río a nadar.
El Maestro fingió no escucharlo, pero movió la cabeza desaprobando el comentario de su discípulo. Se dio cuenta de que aún le faltaba mucho camino para recorrer.
Los años pasaron, Xiang se convirtió en un luchador increíble, pero así como creció su nivel marcial, también lo hizo su arrogancia y desprecio hacia los demás.
Después de la muerte de su Maestro, decidió dedicarse al crimen comandando una banda de delincuentes que saqueaban los lugares por donde pasaban.
Xiang se sentía muy poderoso, desafiaba a cualquiera que se cruzaba en su camino, había olvidado las enseñanzas de su Maestro, no respetaba a nadie y su poder residía en su dominio del Kung Fu.
Proclamaba a gritos su superioridad, derrotó a expertos de varios Estilos tanto en manos vacías como con armas.
Sus secuaces lo respetaban por el miedo que sentían, ninguno cuestionaba sus planes y decisiones.
Cierto día, Xiang decidió visitar la provincia donde había pasado su infancia y adolescencia entrenando junto a su Maestro. El propósito principal era demostrar el poder que tenía a aquellos que lo vieron crecer.
Llegó junto a sus secuaces a la humilde casa que había pertenecido a su Maestro y le llamó la atención el río. Estaba tan calmo, aún con su poderosa presencia.
Xiang recordó las palabras de su Maestro y en señal de rebeldía o estupidez se acercó a la orilla desafiante.
Xiang era un excelente atleta, aparte de artista marcial era un gran corredor, nadador y poseía una gran fortaleza física.
Ante las miradas de sus secuaces, Xiang gritó frente al río con todas sus fuerzas, él sentía que nadie ni nada podía intimidarle.
Dejó sus armas en la orilla y poco a poco se adentró en el río, con los brazos abiertos y una sonrisa burlona en la cara. El agua apenas llegaba a sus rodillas y apenas generaba unas ondas a su alrededor que no significaban nada en la inmensa calma del río.
Después de caminar varios metros, lejos de sus compañeros, Xiang dijo en voz baja: -Ves Maestro, no hay nada en este mundo que pueda hacerme sentir miedo, soy invencible.
Al terminar la frase, Xiang sintió un escalofrío en su espalda y observó la inmensidad del río calmo que continuaba imperturbable.
Pero el agua no estaba en sus rodillas, en fracción de segundos había llegado a su pecho. Rápidamente, Xiang vio como la arena debajo de sus pies se apartaba a gran velocidad, consciente de la situación trató de nadar.
Sus pies estaban inmóviles, sus brazos pesaban como el plomo y el agua continuaba creciendo. Entonces comenzó a desesperarse, sacudió el cuerpo pero el río continuaba calmo, casi sin ondas. Fue entonces que recordó a sus secuaces en la orilla, ante la desesperación quiso gritar, pedir auxilio; pero que pensarían ellos de esa actitud, no lo volverían a respetar. Como podía ser posible que el gran Xiang fuera derrotado por un río.
El agua continuaba subiendo, sus secuaces pensaban que Xiang estaba nadando, apenas lo veían en la inmensidad del río. Xiang completamente desesperado gritó, muy fuerte, pero el río lo tragó.
Sus hazañas como luchador y criminal poderoso fueron sustituidas por la historia de Xiang, el tonto que desafió un río, entró en él y murió porque no pudo nadar, no pudo salir de un río calmo.

martes, 6 de octubre de 2009

BIENVENIDOS!!


En este blog conoceremos las leyendas e historias de Oriente. Todas ellas con situaciones que nos invitan a reflexionar, que nos dejan una enseñanza. Muchas de estas leyendas se han transmitido a través del tiempo gracias a cuentos, canciones, libros, grabados y diálogos.
Los invito a comentar, enviar reflexiones e interpretaciones de los relatos y por supuesto aportes, ya que el mundo de las leyendas es muy amplio.
Bienvenidos a nuestro blog. Un saludo, Oz.

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