miércoles, 7 de octubre de 2009

EL RIO CALMO


En una provincia del sur de China entrenaba junto a su Maestro, un prometedor joven practicante de Kung Fu llamado Xiang.
La casa del Maestro estaba frente a un río, conocido como el río calmo. Xiang le preguntó a su Maestro si podía nadar o pescar en el río, el Maestro le contestó:
-Ves la calma del río, no la perturbes.
A lo que Xiang respondió: -Algún día voy a entrar al río a nadar.
El Maestro fingió no escucharlo, pero movió la cabeza desaprobando el comentario de su discípulo. Se dio cuenta de que aún le faltaba mucho camino para recorrer.
Los años pasaron, Xiang se convirtió en un luchador increíble, pero así como creció su nivel marcial, también lo hizo su arrogancia y desprecio hacia los demás.
Después de la muerte de su Maestro, decidió dedicarse al crimen comandando una banda de delincuentes que saqueaban los lugares por donde pasaban.
Xiang se sentía muy poderoso, desafiaba a cualquiera que se cruzaba en su camino, había olvidado las enseñanzas de su Maestro, no respetaba a nadie y su poder residía en su dominio del Kung Fu.
Proclamaba a gritos su superioridad, derrotó a expertos de varios Estilos tanto en manos vacías como con armas.
Sus secuaces lo respetaban por el miedo que sentían, ninguno cuestionaba sus planes y decisiones.
Cierto día, Xiang decidió visitar la provincia donde había pasado su infancia y adolescencia entrenando junto a su Maestro. El propósito principal era demostrar el poder que tenía a aquellos que lo vieron crecer.
Llegó junto a sus secuaces a la humilde casa que había pertenecido a su Maestro y le llamó la atención el río. Estaba tan calmo, aún con su poderosa presencia.
Xiang recordó las palabras de su Maestro y en señal de rebeldía o estupidez se acercó a la orilla desafiante.
Xiang era un excelente atleta, aparte de artista marcial era un gran corredor, nadador y poseía una gran fortaleza física.
Ante las miradas de sus secuaces, Xiang gritó frente al río con todas sus fuerzas, él sentía que nadie ni nada podía intimidarle.
Dejó sus armas en la orilla y poco a poco se adentró en el río, con los brazos abiertos y una sonrisa burlona en la cara. El agua apenas llegaba a sus rodillas y apenas generaba unas ondas a su alrededor que no significaban nada en la inmensa calma del río.
Después de caminar varios metros, lejos de sus compañeros, Xiang dijo en voz baja: -Ves Maestro, no hay nada en este mundo que pueda hacerme sentir miedo, soy invencible.
Al terminar la frase, Xiang sintió un escalofrío en su espalda y observó la inmensidad del río calmo que continuaba imperturbable.
Pero el agua no estaba en sus rodillas, en fracción de segundos había llegado a su pecho. Rápidamente, Xiang vio como la arena debajo de sus pies se apartaba a gran velocidad, consciente de la situación trató de nadar.
Sus pies estaban inmóviles, sus brazos pesaban como el plomo y el agua continuaba creciendo. Entonces comenzó a desesperarse, sacudió el cuerpo pero el río continuaba calmo, casi sin ondas. Fue entonces que recordó a sus secuaces en la orilla, ante la desesperación quiso gritar, pedir auxilio; pero que pensarían ellos de esa actitud, no lo volverían a respetar. Como podía ser posible que el gran Xiang fuera derrotado por un río.
El agua continuaba subiendo, sus secuaces pensaban que Xiang estaba nadando, apenas lo veían en la inmensidad del río. Xiang completamente desesperado gritó, muy fuerte, pero el río lo tragó.
Sus hazañas como luchador y criminal poderoso fueron sustituidas por la historia de Xiang, el tonto que desafió un río, entró en él y murió porque no pudo nadar, no pudo salir de un río calmo.

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