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Maestro, no comprendo eso de que nos convertimos en la belleza. Yo la veo, la escucho, la toco pero no me transformo en ella.
Hijo, eso es porque no vives con atención, no te das cuenta. ¿Acaso nunca has cerrado los ojos mientras escuchas una melodía o las olas del mar y te has dejado llevar? ¿No has notado que tu desapareces y sólo sigue existiendo el sonido?
Cuento Zen.
Maestro, estoy cometiendo muchos errores porque me precipito, tomo decisiones sin sopesar sus consecuencias. ¿Cómo puedo remediarlo?
Hijo, solamente entrenando tu mente en la meditación, contemplación y reflexión, no hay otro camino. ¿Por qué te precipitas? ¿Alguien o algo te persiguen? Averígualo. No olvides el Sutra del Buda: “Si determinas tu rumbo por la fuerza o con prisa, te pierdes el camino de la ley”.
Cuento Zen.
Un buscador occidental llegó a Calcuta. En su país había recibido noticias de un elevado maestro espiritual llamado Baba Gitananda. Después de un agotador viaje en tren de Delhi a Calcuta, en cuanto abandonó la abigarrada estación de la ciudad, se dirigió a un cooli para preguntarle sobre Baba Gitananda. El cooli nunca había oído hablar de este hombre.
El occidental preguntó a otros coolíes, pero tampoco habían escuchado nunca ese nombre. Por fortuna, y finalmente, un cooli, al ser inquirido, le contestó:
–Sí, señor, conozco al maestro espiritual por el que preguntáis.
El extranjero contempló al cooli.
Era un hombre muy sencillo, de edad avanzada y aspecto de pordiosero.
–¿Estás seguro de que conoces a Baba Gitananda? -preguntó, insistiendo. –Sí, lo conozco bien -repuso el cooli.
–Entonces, llévame hasta él.
El buscador occidental se acomodó en el carrito y el cooli comenzó a tirar del mismo. Mientras era transportado por las atestadas calles de la ciudad, el extranjero se decía para sus adentros: Este pobre hombre no tiene aspecto de conocer a ningún maestro espiritual y mucho menos a Baba Gitananda. Ya veremos dónde termina por llevarme.
Después de un largo trayecto, el cooli se detuvo en una callejuela tan estrecha por la que apenas podía casi pasar el carrito. Jadeante por el esfuerzo y con voz entrecortada, dijo: –Señor, voy a mirar dentro de la casa. Entrad en unos instantes.
El occidental estaba realmente sorprendido. ¿Le habría conducido hasta allí para robarle o, aún peor, incluso para que tal vez le golpearan o quitaran la vida? Era en verdad una callejuela inmunda. ¿Cómo iba a vivir allí Baba Gitananda ni ningún mentor espiritual? Vaciló e incluso pensó en huir. Pero, recurriendo a todo su coraje, se decidió a bajar del carrito y entrar en la casa por la que había penetrado el cooli. Tenía miedo, pero trataba de sobreponerse. Atravesó un pasillo que desembocaba en una sala que estaba en semipenumbra y donde olía a sándalo. Al fondo de la misma, vio la silueta de un hombre en meditación profunda. Lentamente se fue aproximando al yogui, sentado en posición de loto sobre una piel de antílope y en actitud de meditación.
Cuál no sería su sorpresa al comprobar que aquel hombre era el cooli que le había conducido hasta allí! A pesar de la escasa luz de la estancia, el occidental pudo ver los ojos amorosos y calmos del cooli, y contemplar el lento movimiento de sus labios al decir:
–Yo soy Baba Gitananda. Aquí me tienes, amigo mío.
La mente llena de prejuicios, convencionalismo y toda clase de ideas preconcebidas, por eso se perturba nuestra visión y se distorsiona nuestro discernimiento.
Leyenda de India.
Maestro, ¡todos están dedicados a repetir frases de hombres famosos! ¡Hay muchas muy ingeniosas! ¡Se esta transformando en toda una especialidad! Eso está bien ¿verdad?
Hijo, está muy bien en la medida en que sigan esos sabios consejos. ¿Lo hacen?
Cuento Zen.
Maestro, ¿hasta qué punto debo tomar en cuenta los consejos y la opinión de los demás?
Hijo, los consejos siempre debes considerarlos, aunque sea para desecharlos, porque son la expresión de la experiencia ajena. En cuanto a las opiniones, nunca las consideres porque sólo expresan los intereses del que los da. A todo lo que venga de otro, declaraciones, opiniones, consejos, primero pásalos por el filtro de la razón y luego por el de tus propios intereses; enseguida, puedes usarlos o no.
Cuento Zen.
"Las grandes obras de las instituciones las sueñan los santos locos, las realizan los luchadores natos, las aprovechan los felices cuerdos y las critican los inútiles crónicos".
Proverbio japonés.
Por un sinuoso camino y a gran velocidad, un hombre borracho conducía su carro. De repente, perdió el control del carro, se salió del trayecto y se precipitó contra una charca pestilente. Varias personas, al ver el accidente, corrieron al lugar y ayudaron a incorporarse al conductor.
No podía ocultar su borrachera y, entonces, uno de sus auxiliadores le dijo:
–Pero, ¿es que no ha leído usted el célebre tratado de Naraín Gupta extendiéndose sobre los efectos perjudiciales del alcohol?
Y el ebrio conductor, sin dejar de hipar, tartamudeó:
–Yo soy Naraín Gupta.
Haz lo que digo, no lo que hago.
Leyenda de India.